sábado, octubre 24, 2009

Hasta Tocopán en la Máquina del Tiempo.

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Hubiera sido una foto cualquiera de la familia, un retrato convencional de la gente de allá posando para los de acá en el cumpleaños de la abuela. El paisaje doméstico, el color de las paredes o los muebles no suelen cambiar mucho en las imágenes que llegan desde la isla, y esta habría sido una fotografía como cualquier otra, de no ser por un detalle que la situó, sorpresivamente, en uno de esos universos paralelos con viajes en el tiempo de H. G. Wells. De hecho, estuve a un tilín de ser succionado por dicho detalle, como cuando Christopher Reeve descubre la monedita anacrónica en Somewhere in time. De pronto, casi me disparo a La Habana de 1991 y sólo aferrándome con fuerza a la silla pude permanecer en este siglo.
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En la imagen, tomada hace muy pocos días en Marianao, aparecen algunos de los parientes de mi lado materno. Entre ellos, la esposa de mi tío viste un pulóver (camiseta, t-shirt), con un ícono pintado sobre el pecho: Tocopán, aquel tocororo medio disneyano que sirviera de logotipo y mascota en los Juegos Panamericanos de La Habana, allá por el verano del 91.
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Como la prenda no se ve maltratada - por el contrario, el pulovito luce como nuevo - y dado que su salida al mercado dista ya casi dos décadas, cabría la posibilidad de que la cuñada de mi madre tenga algún tipo de contacto con el misterio tecnológico de la máquina del tiempo, porque de lo contrario sólo quedaría asimilar de manera categórica que a la gente de Cuba no les queda más remedio que cuidar hasta las últimas consecuencias el cada vez más disminuido ropero personal.
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No sé si algún catalán seguirá vistiendo una camiseta del 92 con Cobi, la mascota de las olimpiadas de Barcelona, o si algún mexicano seguirá usando la gorra con Pique, el rancherito bigotudo, que usó en el mundial del 86, pero sí sé que muchos cubanos conservan y usan habitualmente prendas de vestir que ya sobrepasan los veinte años de adquiridas.
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Y es que La Habana cada día se parece más a un destino de turistas viajeros en el tiempo, turistas que llegan al aeropuerto José Martí a través de la máquina de H. G. Wells. No sólo a causa de los autos antiguos que ruedan por miles en una ciudad carente de transporte desarrollado, extendiendo casi por milagro una longevidad que no previeron nunca sus fabricantes, también los cines siguen siendo a la vieja usanza, la televisión permanece abierta, los e-mails no alcanzan a superar a los viejos telegramas, los edificios de Lawton siguen con la misma mano de pintura de hace media centuria, cualquiera puede calzar un par de zapatos comprado en la década del ochenta, con la suela reparada ya siete veces, las políticas del gobierno siguen siendo las mismas que en la época de Kennedy, cuando buscábamos la mejor manera de resistir hipotéticas invasiones yanquis, o como en el caso de la mujer de mi tío, todavía hay quien mantiene en su gaveta personal un pulóver que alguien le obsequiara aquel mes en que Cuba, por última vez, superó a los Estados Unidos en la tabla de posiciones del medallero panamericano.
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martes, octubre 20, 2009

El día de mi abuela.

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Hoy Esther Pereira cumple años. Muchos años. Esther Pereira es mi abuela, alguien que nació en un aniversario de la cultura nacional, allá por la década del veinte. Más exactamente en el año del famoso ciclón, en 1926. Mi abuela no es una figura de la cultura, sólo una manzanillera de buena cuna, graduada de comercio, que un día se fugó con mi abuelo, modesto chofer de guagua que no por humilde era menos apuesto y suertudo con las mujeres.

Mi abuela fue una de esas personas que se sumaron a la Revolución en el Oriente cubano, atravesando cercos para llevar medicinas a los rebeldes de la Sierra Maestra, apoyando a mi abuelo y a mi tío mayor, quienes, en la conclusión de los cincuenta, andaban perseguidos y condenados a muerte por las pandillas paramilitares de Mansferrer. Mi abuela es una de esas personas que arriesgaron su vida por la causa de Fidel Castro, para que luego el estado triunfante la abandonase a la suerte de un magro estipendio y desayunos con cerelac, adelgazando con la crisis hasta ya no volver a parecerse jamás a aquella mujer rolliza que correteaba entre los retenes del ejército batistiano.
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Esther Pereira, sin embargo, amaba al arte. Hizo que mi madre estudiase ocho años de piano y logró que mi tío menor se hiciera violinista profesional. Con mi tío mayor no pudo hacer nada, el muy jodedor había salido a mi abuelo y no tuvo más vocación artística que pasarse la vida haciendo bromas ocurrentes, manejando camiones y engatusando damas.
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Esther Pereira leía versos de Buesa que luego copiaba con fina caligrafía en un cuaderno, escuchaba discos de música clásica con la misma candidez conque se sentaba a veces junto a mi abuelo para escuchar a Los Panchos. Con su voz aflautada gustaba de cantar tangos y bolerones mientras cosía en su vieja máquina Singer. Así la recuerdo, pedaleando su máquina de coser en las tardes y escuchando las novelas de Radio Progreso y la Discoteca Popular con Eduardo Rosillo. Así me gusta recordarla, entre enérgica y cursi, entre ama de casa apacible y fiera desconfiada del marido resbaloso.

Mi abuela está cumpliendo años en este día de la cultura nacional. Los cumplirá en su casita deteriorada del barrio Zamora donde, al morir mi abuelo, quedó a la cabeza de dos familias más, la de mi tío menor y la de mi primo, negada de plano a mudarse con mis padres a esa otra casa habanera que, por el contrario, quedó casi vacía cuando las dos familias adheridas – la de mi hermana y la mía – retoñaron más de la cuenta y acabaron emigrando bastante lejos de Marianao y del país.

Senil y escapada en parte de este mundo, a veces le pregunta mi nombre a mi madre, que es el nombre de quien siempre fue su nieto favorito. La memoria de Esther Pereira se va destruyendo como un añejo disco duro invadido por virus informáticos, acaso como un obsequio divino que le permite no recordar las razones de su vida precaria, de desayunar con cerelac y almorzar picadillo de soya luego de haber arriesgado la vida por unos cuantos que hoy desayunan leche pura recién ordeñada, tostadas, jamón, frutas y cenan opíparas raciones con la mejor carne de res.

Parece que olvidar es el mejor mecanismo de defensa que Dios le regaló a la noble longevidad de la isla. Y parece que mi abuela, más que el Himno de Bayamo y su histórica primera ejecución pública, sigue siendo para mí el más lógico sentido conque recordar a mi país el 20 de octubre de un año cualquiera.

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sábado, octubre 17, 2009

Cubalía Hermosillo, en defensa de la timba.

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El Punto Cubano de la empresa Cubalía, es el único lugar en la ciudad de Hermosillo donde se puede bailar música cubana y consumir bebidas típicas de la isla, como el mojito o el cubalibre. Ni qué decir de la añorada malta que finalmente llegó a las manos de toda la cubanada hermosillense.
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Esto no es un comercial del antro, aunque pudiera parecerlo a primera vista. Es simplemente una celebración pública de El Punto Cubano, un club que con poco capital y mucha temeridad se lanzaron a levantar un grupo de amigos, cubanos y mexicanos, para traer a la norteña región vaquera un poco del ritmo timbero de la isla.

Muchos no apostaban por el éxito del proyecto. Los norteños ni siquiera suelen ser aficionados a la salsa como los del sur de México, y la vida entera se la pasan sumergidos en la música grupera, bailando banda, con una cadencia de saltitos celtas que difiere antropológica y corporalmente de la sinuosidad que los caribeños traen en el movimiento de sus caderas, siempre que la herencia de la estética grupera le debe más al country norteamericano (a su vez de raíz irlandesa) que al espíritu tropical latino. A diferencia de zonas como Yucatán, en Sonora no existe costumbre de bailar casino, y como mismo muchos pueden creer que Olga Tañón es cubana, la mayoría jamás ha escuchado a Los Van van, y las vagas referencias que tienen de la salsa, obviamente se limitan al mercado newyorkino, a los éxitos de salsa light de Fania Records, y a megafiguras, inconfundiblemente cubanas, como Celia Cruz o Gloria Estefan.

En el club cubano de Hermosillo sin embargo, sólo se pone música cubana, tanto la que se escucha como la que se baila, y como se precia de no marcar fronteras entre los cubanos de adentro y los de afuera, es posible bailar lo mismo con Willy Chirino que con la Charanga Habanera, y sin distinción de época en tanto jamás se discrimina entre Compay Segundo y Manolito Simonet.

Aún resulta un poco confuso para algunos el hecho de que no abunden los temas de la salsa no cubana, esa que ha tenido mucha más suerte con las discográficas y el mercado. No es casual que en los canales de música, esos que llegan por el megacable, haya más de uno con salsa, transmitiendo 24 horas, y que jamás se escuche un tema hecho por cubanos, sólo música bailable puertorriqueña, dominicana o colombiana, todas ellas posteriores y deudoras de la nuestra, y todavía retrasadas en cuando al moderno concepto de la timba, esa especie de heavy salsa que identifica a nuestras orquestas contemporáneas.
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Más que nada es esa la razón por la que El Punto Cubano de Hermosillo prefiere instruir a sus visitantes en la buena timba cubana virtualmente desconocida, y no resultar muy paternalistas con aquellos que tan a menudo suben a la cabina a pedir temas de Marc Anthony, Gilberto Santa Rosa o Aventura. Bastante han hecho las discográficas con poder global para no dejar salir a flote a los de la isla, como para que los propios cubanos también les neguemos a los nuestros la merecida hegemonía, en un pequeño reducto de cultura cubana, al norte de México.

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Así es un sábado cualquiera en Cubalía Hermosillo.

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martes, septiembre 29, 2009

Pequeño manual para encarcelar opositores sin parecer dictador.

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Para la óptima formación de instructor policial del estado socialista cubano, es imprescindible dominar ciertas maneras de controlar las situaciones incómodas y reducir a los elementos antisociales que buscan desestabilizar la soberanía de nuestra patria. Pero como el enemigo siempre está al acecho para calumniar la pureza de nuestras ideas, no siempre podemos encarcelar a un disidente así como así, que eso levanta ronchas por ahí por el mundo y nos pueden acusar injustamente de ser unos esbirros totalitarios. Claro que vamos a meter tras las rejas a todos los opositores que nos sea posible, pero como no siempre se posibilita procesar a alguien abiertamente por pensar distinto, he aquí una breve lista de posibilidades para el enjuiciamiento:

.- Cualquier cubano es factible de poseer algo ilegal en su vivienda, por ello resulta muy efectivo practicar un registro, y detectar cualquier cosa que se halle fuera del mercado oficial. Si aparecen unos sacos de cemento, no hay que buscar más. No hay cemento en el mercado, así que tiene que ser del mercado negro. En ese punto ya tenemos del lado de acá al desafecto, detenido por receptación y tráfico de material ilegal. Nadie puede decir que agarramos a un médico opositor por su opinión. Luego decomisamos el cemento y nos lo repartimos en la estación, que los policías también tenemos derecho a reparar nuestra vivienda.

.- Si se trata de un músico contestatario, como no se les permite grabar temas en los estudios oficiales, lo más probable es que tenga en su casa algún estudio clandestino. Si tiene un estudio, tiene computadoras, y si tiene computadoras seguro la compró ilegalmente, que un músico censurado no puede tener dinero suficiente como para comprar una PC en la red oficial, porque son demasiado caras. Ese es el momento de agarrarlo con las manos en la masa y procesarlo por posesión ilegal de bienes hurtados y por traficar con piezas de computadoras.

.- A veces ni siquiera hay que esperar a que se conviertan en opositores. Si alguien se manifiesta, por voluntad o accidente, en contra de las altruistas ideas del socialismo cubano, si por casualidad apareciese en un vídeo de youtube diciendo que en Cuba se pasa hambre, sobrio o borracho, primero esperamos unos tres meses a que se calme la opinión pública y luego lo procesamos por Peligrosidad Predelictiva, criticando su vagancia y asegurando que es un peligro potencial para la sociedad. No hay que mencionar el posible videíto de youtube. Con la acusación de criminal en ciernes, aunque no haya hecho nada, es más que suficiente.

(Este último acápite tiene el problema de que, de darse una coyuntura internacional, una campaña por su liberación, o un conciertico con extranjeros en el que alguien pudiera decir algo sobre él, entonces tenemos que establecer un plan digno de retirada y mandar al borracho para el psiquiátrico, a recibir tratamiento para el alcoholismo. Allí con unos cuantos electroshocks va a quedar como nuevo)

Archívese y mándese copia a cada estación municipal, como parte del estudio individual de cada instructor de la Policía Nacional Revolucionaria. Dejamos a su imaginación otras justificaciones que puedan elaborar en el terreno, sólo apuntando que la creatividad no tiene que verse atada, en absoluto, por las leyes vigentes.

¡Gloria eterna a los héroes de la patria! ¡Abajo el injusto bloqueo contra Cuba! ¡Los cinco héroes volverán! ¡Socialismo o muerte, ambos inclusive!

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Nota posterior a la redacción del documento.

A nuestros heroicos combatientes:
Cuando la patria nos exige tomar medidas más drásticas, es hora de olvidar las reglas escritas en el documento anteriormente expuesto y simplemente agarrar al opositor por el cogote y someterlo a juicio sumario por traición a la patria, tal y como hemos tenido que efectuar hace apenas unas horas con el cabecilla del MCL en Santiago de Cuba. Estos perros pagados por el oro imperialista no se merecen tanto miramiento.

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OTRA NOTA MÁS:
Un día después de cerrado este post, supimos que Agustín Cervantes, miembro del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) también fué procesado por un supuesto cargo de "agresión". Creíamos que había sido hecho prisionero simple y llanamente por ser opositor, pero otra vez la realidad fue más absurda que la ficción: Cervantes fue condenado a dos años de cárcel, luego de que un agente provocador fuese hasta su casa a insultarlo y a agredirlo con un cuchillo. Un acápite más para el manual de cómo condenar a disidentes sin parecer demasiado dictador.
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lunes, septiembre 28, 2009

Cubavisión Internacional o la apetente inapetencia.

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Por fin encontré un sitio en el que se puede ver aceptable la señal de Cubavisión Internacional, sin trabazones ni saltos de imagen. Ya sabía que en algunas partes hay paquetes de cable que la incluyen, pero no en la región donde vivo, y si bien no me interesa en absoluto la programación informativa cubana, con sus mesas redondas interminables o sus noticiarios llenos de exitosas cosechas de papa, sí lamentaba no poder ver algunos programas dramatizados, principalmente los de comedia en los que actúan o hacen guión y dirección algunos de mis buenos amigos de la isla, sin que la pantalla se me congelara de rato en rato.

Claro, nada es perfecto, y la página que acabo de encontrar tiene, a la izquierda de la ventanita, la imagen perpetua de los cinco espías, como en un abordaje subliminal que penetra tu subconsciente mientras tratas de disfrutar con la nueva temporada de ¿Jura decir la verdad?. Como no tiene la opción de maximizar al ancho de pantalla, sólo queda resignarse a tener esos cinco rostros mirándote todo el tiempo que veas la transmisión, y tratar de obviarlos, evitando en lo posible que te aparezcan luego en alguna pesadilla. El servicio multimedia pertenece a la embajada de Cuba en París, y si bien regala una señal limpia, también prolonga al mundo, como condición obligatoria, la foto principal de la campaña por la libertad de los cinco, sin preámbulos ni sutilezas.

Pero lo más triste no es el mensaje ideológico obligatorio del sitio web, sino haberme dado cuenta de que la programación de Cubavisión Internacional es mayormente aburrida. En Cuba no la podíamos ver, porque no es un canal que se transmita en señal abierta. Sabía de programas que eran seleccionados para la versión internacional, y que se verían en el extranjero o en los centros turísticos, pero a menudo ni me enteraba de cuándo pasaban alguno de mis guiones y para cobrar los derechos de autor tenía que estar visitando regularmente el cuarto piso del ICRT, y preguntando en la oficina de transmisiones del canal.

He comprobado con suma tristeza que la única cadena cubana que sale al extranjero es una de las menos competitivas del mundo. Alterna programas culturales, en general tediosos, con la deficitaria praxis informativa, culebrones, revistas sosas y películas, ya bastante avejentadas, producidas por el ICAIC.

A veces llegan buenos contenidos, como el programa de Eduardo Vázquez, ese destacado maestro masón, impecable comunicador, quien condujera hace unos años el entretenido La Isla y el Tiempo, y que ahora reaparece con uno similar: Lo real maravilloso, donde cuenta la historia de Cuba borrando mitos y humanizando a sus protagonistas. A veces me tropiezo con El Selecto Club de la Neurona Intranquila, y me divierto con las ocurrencias entre cómicas y culturológicas de Baudilio Espinosa y Gustavo Fernández-Larrea. Ver un juego entre Industriales y Santiago es un momento especial que aguardo con paciencia taoísta, mientras abro el sitio de la embajada cubana en Francia y paso ratos bostezando con algún musical empalagoso, o la inacabable telenovela Destino prohibido.
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De todas maneras, con todo y la programación inapetente, estoy muy contento de haberme tropezado con esta página web, que entre col y col, me regresa parte de mis días habaneros, de aquellos pasillos del ICRT donde conocí a mi esposa y por donde todavía circulan muchos de mis mejores amigos.

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domingo, septiembre 20, 2009

En paz con Paz Sin Fronteras.

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Desde un sitio en internet seguí el concierto de La Habana. Hasta ahora no había comentado nada al respecto de la llevada y traída iniciativa de Juanes, porque entre otras cosas, he discrepado con algunos buenos amigos bloggeros sobre las críticas y la politización del evento. El punto clave del debate se basaba en si aquel concierto iba a resultar un espaldarazo al régimen, si resultaba correcto hablar de paz en un país que, si bien estaba apáticamente pacificado, carecía de libertades civiles y ello más bien merecía repulsa, no canciones de cuna.

No dudo que detrás de la esgrimida buena voluntad se escondan propósitos publicitarios, pues un concierto de tamaña polémica y magnitud, transmitido libremente a millones de personas en todo el mundo, bien pudiera beneficiar a cualquier artista, pero lo que alcancé a ver esta tarde sobrepasó con creces cualquier suspicacia.

Los gestores del evento, Juanes, Miguel Bosé y Olga Tañón, se las arreglaron para no mezclarse nominalmente con el aparato estatal, y si bien no hicieron ninguna crítica abierta al gobierno, ni por un momento se dirigieron a nadie más que a su público, a “los cubanos”, a “Cuba”… No coquetearon con los Castro ni con la imagen gigantesca del Che Guevara que tenían a un costado. El escenario no estaba para el lado de la clásica tribuna de los discursos sino delante de la Biblioteca Nacional. En todo caso se las arreglaron para dejar caer algunas notas subversivas, como el mensaje a la joven, de su padre de Miami, que trajese la Tañón, su pedido de liberar las fronteras, o las voceadas que hiciera Juanes de ¡Cuba libre, Cuba libre!, que no creo se refiriera a la “Cuba libre y soberana” de los Castro, o a la Coca Cola con ron, pero más que nada debió haber sido una bomba en el Comité Central del PCC – a unos pocos metros de allí – el saludo que hiciese a los Aldeanos y a Silvito el Libre, unos raperos abiertamente opositores, censurados en la isla por las autoridades.

El público, por su parte, se veía conectado y coreando con deseos, no consignas antimperialistas – esas que son ya habituales y mecánicas en la explanada habanera – sino canciones, lo mismo con la poesía de Sólo pienso en ti de Víctor Manuel, que con la bobería del Amante bandido de Miguel Bosé. Nadie puede decir ya que los cubanos de la isla repudiasen la idea del concierto, o que preferían abstenerse de él sólo para reivindicar necesidades más vitales. La cantidad de gente que llegó sin convocatoria sindical, un millón 150 mil personas, superó también, por mucho, a la del más reciente primero de mayo, incluso a la visita de Juan Pablo II.

Está claro que allí faltaban artistas como Willy Chirino y Gloria Estefan, pero viendo las cosas de un modo realista, habría sido una quimera imaginar que Raúl Castro aceptase que Chirino subiera a esa tribuna a cantar Nuestro día ya viene llegando, como mismo habría sido imposible que subiesen los Aldeanos, que no viven en Miami sino en la propia Habana, a entonar Héroe. Digamos que, en los límites de lo posible, el concierto terminó siendo un canto no sólo a la obvia paz de la palomita blanca, sino también a la unidad entre los cubanos, y ¿por qué no?, a la libertad.

No tengo vergüenza en admitir cómo se me aflojó la zapatilla en el tema final, cuando los Van Van cerraron con una versión casi sinfónica del Chan chan de Compay Segundo, y un extranjero tan polemizado como Juanes gritase: “¡Por una sola familia cubana!”. Habría que ser muy testarudo, o muy desamorado hijo de Cuba, para no darse por aludido y conmovido al escuchar semejante petición.

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Final del concierto. Ojo que el saludo extra de Juanes no es para Baby Lores (autor del reciente tema chicharrón Creo, dedicado al comandante), sino para Los Aldeanos y Silvito el Libre, abiertos opositores. Al parecer es Yotuel, de Orishas, quien sopla los nombres al oído del colombiano, y otro más (¿Gorki?), que no se llegó a pronunciar en voz alta.
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viernes, septiembre 18, 2009

Pánfilo en libertad: de Liborio a Panfiloquito.

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La noticia que hoy divulgan las agencias parece haber dado por terminada la campaña Jama y Libertad, cuando en verdad Juan Carlos (Pánfilo) González Marcos, permutado de jaula – desde una que le prometía dos años, hasta otra, menos cruda, de sólo 21 días en el Hospital Psiquiátrico de La Habana para recibir tratamiento por alcoholismo – apenas inicia un camino de reclamos globales por la libertad de expresión en Cuba.

No sólo habían apresado a Pánfilo, sino también al libre albedrío al que cualquier ciudadano tiene derecho en una sociedad civilizada. Mucho aplaudimos el desenlace feliz de tan vejatoria injusticia, el éxito de haber elevado la voz todos juntos, pero la excarcelación del lúcido beodo no fue un acto de generosidad del estado todopoderoso, mucho menos un gesto complaciente a la opinión discrepante, esa liberación fue apenas la salida desesperada a una coyuntura política que, además de implicar una campaña con tres mil firmas, puso el parche antes de que el polémico concierto Paz Sin Fronteras, de Juanes y compañía, trajese consigo alguna observación incómoda respecto al más obvio – y famoso – de los despropósitos recientemente cometidos por el aparato represor.

Cuando incluso un incondicional como Amaury Pérez declarase públicamente, en una entrevista para el canal 41, que “fue un disparate encarcelar a Pánfilo”, los verdugos no podían darse el lujo de mantenerlo prisionero, jugándose la posibilidad de alguna opinión incómoda durante la celebración del tan llevado y traído concierto.

Pánfilo ahora ya no es más un borracho del Vedado convertido casualmente en símbolo de la censura. Pánfilo es el pueblo cubano, el humilde pueblo que reclama Jama y Libertad sin condiciones, sin amenazas, sin castigos arbitrarios. Pánfilo es ahora una caricatura satírica, un heredero de la dinastía de los Liborios, Bobos y Loquitos. Panfilorio, Bobófilo, Panfiloquito.

Pánfilo somos nosotros.

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miércoles, septiembre 16, 2009

La patria en los fuegos artificiales

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No puedo evitar sentir una sana envidia por los mexicanos cuando llega el mes de septiembre y el país se llena de un patriotismo palpitante que sobrepasa cualquier tendencia política o problemática contextual. Nadie les orienta ser patrióticos, nadie les reparte carteles, nadie los convoca a la plaza a escuchar “el grito” con vivas y campanadas del presidente en la capital, o cada gobernador en los respectivos estados. Las ciudades se desbordan con vendedores de banderas y banderitas, sombreros que en el ala dicen “Viva México”, tambores, matracas, bigotones… Tienen unas enseñas que enganchan a las ventanillas de sus carros y en la noche del 15 acuden espontáneamente a vitorear a la patria, en espera del 16, el aniversario de aquel grito de guerra que hace casi dos siglos protagonizara el padre Hidalgo en el pueblo de Dolores, en Guanajuato.

Anoche aconteció la fiesta, un orgasmo cósmico de fuegos artificiales, música tradicional y alegría inmarcesible. Hoy habrá desfile popular, ferias, tacos de carne, frijoles y mazorcas de maíz. Celebran a su patria sin patrioterismo, sin retórica, sin bronca con otros países.

También anoche me preguntaba en qué momento perdimos los cubanos esa sensación de amor espontáneo por las fiestas patrióticas, en qué momento el amor a la patria se convirtió en una tarea del sindicato y los discursos cargados de ideología sustituyeron a la devoción por la nacionalidad, en qué momento empezamos a ver a Céspedes y a Martí como los antecesores de profetas más poderosos, los que supuestamente llegaron para consumar las ansias de libertad que aquellos nunca consiguieron.

El mes de la patria en México incluye el inicio de la independencia, el 16, y también su consumación, el 27 (de 1818 y 1927 respectivamente), además de rendir tributo a los niños héroes de Chapultepec, desde aquel 13 de septiembre de 1847. Nosotros nos quedamos con el 10 de octubre y nuestro grito de Yara, porque el nacimiento de la República, el 20 de mayo, ni siquiera se menciona ya entre las efemérides cubanas, a no ser como un motivo de vergüenza hacia la emergente nación controlada de cerca por los Estados Unidos.

De hecho, no tenemos día de la independencia como el resto de los americanos. En su lugar se instauró el 1º de enero, y la mística de una liberación que sólo se consumó aparentemente con el triunfo de Fidel Castro sobre el dictador Fulgencio Batista. Acaso por esa razón nuestras fiestas patrias se han ido alejando del origen de la nacionalidad para acentuar una influencia épica, superior incluso a la de nuestros ancestrales mambises. El 26 de julio - inicio de la lucha insurreccional en 1953 - tiene más alharaca que el clásico 10 de octubre, incluso más que el primero de enero, día del triunfo fidelista. Ni en enero ni en octubre se decretaron dos días, antes y después de la fecha, como sí se declararon jornadas de asueto los días 25 y 27, redondeando una efeméride que exalta la guerra, no la pacificación.

En todo caso, hemos extraviado ese amor por la patria que los mexicanos conservan intacto. Lo sustituimos con la exaltación del fidelismo, con las celebraciones nacionales orientadas, convocadas y revisadas por el aparato estatal. Ir a la plaza no es celebrar la cubanía, sino hacer eco a las consignas antimperialistas, aplaudir mecánicamente a la verborrea ideológica y agitar banderitas hechas en imprentas del estado que se reparten al bajar de las guaguas.
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Anoche compartía con los mexicanos el amor visceral por la patria de Hidalgo y Juárez, una patria en la que la presencia de Felipe Calderón es transitoria y reciclable, donde la dictadura de Porfirio Díaz es apenas un mal recuerdo. Mientras miraba en el cielo aquellos increíbles fuegos artificiales me preguntaba si alguna vez mi patria volverá a palpitar así, de puro orgullo, ante la emoción de celebrar espontáneamente su nacimiento como nación.
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Nota: La foto corresponde a la celebración en la ciudad de Hermosillo, Sonora.
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sábado, septiembre 12, 2009

Ya me voy, linda Lupe.

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Verano del ochenta y un comandante de la Revolución despedía el duelo de Haydée Santamaría. No hubo ceremonia solemne, ni duelo oficial, sólo un reportaje de pasada en el noticiero con unas palabras de despedida virtualmente recriminatorias: “los revolucionarios no debemos pensar en el suicidio…”

Casi treinta años después le ha tocado partir al orador de aquel sepelio, el comandante Juan Almeida Bosque, y al no tratarse de un "ignominioso" suicidio, como en el caso de Haydée o el de Osvaldo Dorticós, el gobierno decreta duelo oficial, anunciando una inhumación por todo lo alto, con honores militares, una ceremonia luctuosa que seguramente será transmitida en vivo por todos los canales de la televisión.

Haydée Santamaría, heroína de la Revolución, se dio un tiro en la boca justo el 26 de julio (o el 27 según versiones), día en que se festejaba un aniversario más del asalto al cuartel Moncada, epopeya en la que ella participase activamente, y en la que perdieran la vida su amado hermano Abel - el segundo de Fidel Castro en aquel momento - y su novio Boris Luis Santa Coloma. Para el entonces vivo comandante Almeida quizás significase una cobardía ponerse un arma en la boca y tirar del gatillo. Para Haydé quizás ya fuese demasiado formar parte de un proceso que se desmoronaba, en un país donde tuvo que actuar de madre protectora de artistas perseguidos – religiosa ferviente, santa patrona de intelectuales conflictivos a los que daba cobijo en su templo Casa de las Américas - una nación donde el grupo musical homónimo de aquel cuartel batistiano cantaba un tema que decía “el 26 es el día más alegre de la historia”, mientras ella tenía que recordar el cuerpo inerme de su novio y los ojos de Abel Santamaría sacados de sus cuencas, en las manos de un esbirro, justo aquella misma efeméride del 26 de julio.

Almeida, también compositor de música ligera, antes de partir en el yate Granma desde México y hacia el Oriente cubano para hacer la revolución, creó aquel famoso tema La Lupe, encomendándose a la virgen guadalupana en vísperas de la riesgosa aventura. Años después participó directa o indirectamente de aquella política estalinista de persecución religiosa que cercenaba el desarrollo profesional a cualquier cubano que creyese en vírgenes, o tan sólo a aquel que conservara en su sala un Sagrado Corazón por respeto a las creencias de su madre. ¿Dónde habrían estado los sentimientos religiosos del comandante Almeida por aquellas décadas del setenta y ochenta? ¿Dónde guardaría a su querida virgen, en pleno auge del materialismo dialéctico, cuando en un documental de Santiago Álvarez sobre su trayectoria, apenas se refería discretamente a la Guadalupana como Lupe, una “mujer” mexicana?
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Hoy que ya ha partido aquel guerrillero trovador, acaso agonizando mientras su polémico hijo Juan Juan Almeida publicaba un libro en el extranjero desnudando los contrastes del poder y la vida opulenta de la cúpula gobernante en un país cada vez más empobrecido, me pregunto hacia dónde se habrían dirigido sus plegarias de último momento, si se llevaría consigo un rayito de luz, si tendría en su corazón a aquella virgen de Guadalupe que un día le abrió su pecho con amor bien sentido y lo sacó de apuros en el viaje por mar, o si pediría perdón a la Santamaría - Haydée - por haberla reprendido junto a su tumba, treinta años atrás.
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lunes, septiembre 07, 2009

Ángel, el arcipreste y Juan Carlos.

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Ya casi listo para regresar a temas ajenos a la campaña por la libertad de Pánfilo, me tropiezo con una entrada del blog Los hijos que nadie quiso, de Ángel Santiesteban, escrita desde Cuba y fechada hoy mismo 7 de septiembre, y me fue imposible resistir la tentación de reproducirla íntegramente, apenas con un breve comentario sobre la belleza de su feliz analogía entre el Arcipreste de Hita, poeta castellano del siglo XIV - autor del universal El libro del buen amor - y una carta que escribiese de puño y letra Juan Carlos (Pánfilo) González Marcos.

El poema en el castellano arcaico del Arcipreste, escrito desde la cárcel a donde fuese confinado por orden de Don Gil de Albornoz, Arzobispo de Toledo, tiene aquí su parábola con la carta que Pánfilo enviase a su familia, desde la cárcel a la que fue a parar hace pocas semanas por orden de Don Castro, Arzobispo de la Revolución Energética, y cuya redacción llena de cándidos errores ortográficos me recordó a La Odilea de Francisco Chofre (una versión de La Odisea, en los campos cubanos), con sus licencias lexicales inspiradas en el habla popular de la isla.

He aquí el texto de Ángel, una verdadera joya de la literatura periodística en la 2.0.

Pánfilo y el arcipreste de Hita.

Un sobrino de Pánfilo, Juan Carlos González, me trajo una carta de su tío que escribiera desde la prisión. Mientras la leía recordé un poema (JESÚS NAZARENUS REX JUDAEORUM), de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, que también escribiera desde la cárcel, y que diera comienzo en su compendio El Libro de Buen Amor, el libro más importante del siglo XIV.

(Carta de Pánfilo, Juan Carlos González)

… mi familia, estoi resando mucho. Le pido al niño Jesus y al Dios padre contantemente que me saque de esta prision que no me toca. Ellos que todo lo pueden me ban a oir.

(Poema de arcipreste de Hita)

Señor Dios, que a los jodíos pueblo de perdiçión
sacaste de cabtivo del poder de Faraón,
a Daniel sacaste del poço de Babilón,
saca a mi coytado d'esta mala presión.

(C. de Pánfilo, Juan Carlos González)

…si Dios saco de la prision a otros que asaltaron cuarteles y mataron, porque no me ba a sacar a mi que dije la berda.

(P. de arcipreste de Hita)

Señor, tú que sacaste al Profeta del lago,
de poder de gentiles sacaste a Santiago,
a Santa Marina libreste del vientre del drago,
libra a mí, Dios mío, d'esta presión do yago.
(C. de Pánfilo, Juan Carlos González)

Lo que dijeron de mi en el juicio fue mentira. Quien ba a darme trabajo a mi con la salu que tengo.

(P. de arcipreste de Hita)

Señor, tú que libreste a santa Susaña,
del falso testimonio de la falsa compaña,
líbrame, mi Dios, d'esta y coyta tanmaña,
dame tu misericordia, tira de mí tu saña.

(C. de Pánfilo, Juan Carlos González)

… si Dios salbo a los del llate Gramma de aogarse en el mar como no me ban a salbar a mi que no hice nada.

(P. de arcipreste de Hita)

A Jonás, el Profeta, del vientre de la ballena
en que moró tres días dentro en la mar llena,
sacástelo tú sano así como de casa buena;
Mexías, tú me salva sin culpa e sin pena.

(C. de Pánfilo, Juan Carlos González)

… si Dios salbo al niño Elian del mar, y luego hiso que lo trajeran con su padre, porque no ba a debolberme con mi familia si mi fabor es mas chiquito.

(P. de arcipreste de Hita)
Señor, a los tres niños de muerte los libreste,
del forno del grand fuego sin lesión saqueste,
de las ondas del mar a sant Pedro tomeste:
Señor, de aquesta coyta saca al tu arçipreste.

(C. de Pánfilo, Juan Carlos González)

… solo esperen que Dios me oiga y regrese pronto. Aquí dentro ciento que me muero.


Glosario
Coytado: Desventurado

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martes, septiembre 01, 2009

El extraño caso del falso Lage.

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Al sitio de la campaña Jama y Libertad llegó el pasado 27 de agosto un mensaje escrito supuestamente por el ex Vicepresidente del Consejo de Estado y Secretario Ejecutivo del Consejo de Ministros de Cuba, el defenestrado Carlos Lage Dávila, anunciando su apoyo a la causa de Pánfilo. Los encargados del sitio reaccionaron pidiendo pruebas de que, efectivamente, aquello no era una impostación, y en pocas horas tuvieron en su poder la copia de un carnet en el que aparecía la clara imagen del antiguo colaborador del comandante, con su firma y todo.

Aún así, las dudas persistían. El carnet no se correspondía con las actuales identificaciones cubanas, hechas ahora de tarjeta plastificada y no de librito como hasta hace algunos años, además de que la foto parecía demasiado nueva y sin el cuño que solían llevar los documentos auténticos. Una declaración como aquella no podía tomarse a la ligera ni con sensacionalismos apresurados.

La entrada y comentarios dejados en el sitio acusaban estas fallas, el probable uso del Photoshop y unas cuantas teorías que iban desde una posible maniobra del Departamento de la Seguridad del Estado para demeritar, enrarecer y provocar escándalos retorcidos en la campaña, hasta la mala entraña de un bromista deseoso de provocar revuelo y divertirse morbosamente con ello en su círculo de amistades.

No creo que muchos llegaran a creerse el engaño, sobre todo por lo dramático del efecto buscado: un recién tronado alto funcionario del gobierno de pronto se atreve a desafiar a sus antiguos jefes y a ponerse del lado de los exiliados. Por todos es sabido que estos personajes jamás se precipitan del todo, que los ponen en plan pijama por un tiempo y luego les asignan cargos de menor importancia, garantizando con ello que no escapen a contar las mil y una historias desagradables en el canal 41.

En cualquier caso, esta misma tarde un comentarista que firmó con el seudónimo El Titán en la propia web Jama y Libertad, aportó el link encontrado con la imagen de Lage que fue usada para el embuste. Extraída de una página alemana, en efecto, la foto fue invertida, borrado su fondo y puesta en blanco y negro. La broma, o la maniobra, quedó totalmente al descubierto y los promotores más atentos que nunca a los posibles movimientos extraños de trolls o compañeros del MININT encargados de desacreditar al exilio cubano con jueguitos apócrifos.

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Fotografía encontrada en el sitio alemán.


Comparación con el fraude. Con unos graditos de inclinación menos, apenas falta el fondo, un botón y unos cuantos pelitos parados que recortó el Photoshop.
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lunes, agosto 31, 2009

Día Mundial del Apagón.

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Un correo con millones de reenvíos le está dando la vuelta al mundo. Escrito en español, inglés, chino, portugués, árabe, francés, griego, alemán, ruso y holandés, invita a todos a lo que se ha dado en llamar “oscuridad mundial”, o sea un apagón global voluntario que debe tener lugar el día 17 de septiembre desde las 21:50 a las 22:00 horas, para cada quien según su medida de tiempo local.

La convocatoria – la más reciente de otras que ya han tenido lugar – pide que, durante esos diez minutos, todos apaguemos luces y equipos eléctricos, con el noble fin de que el planeta “pueda respirar”, además de que esos breves instantes de ausencia masiva de consumo eléctrico servirán para lo que han catalogado como un “ahorro brutal” de energía.

Nobles ideas ecologistas, sin duda alguna. Aunque, como era de esperar, cuando abrí aquel mensaje, lo primero que me vino a la mente fue: ¿Cuántas de estas copias habrían ido a dar a Cuba, o a las manos de cualquier cubano de los tantos que andan por el mundo?... Y en consecuencia: ¿cómo reaccionaría un cubano medio ante la solicitud de un apagón voluntario?

Aún reconociendo el altruismo de la causa, un plan que, con sus escasos diez minutos de ahorro apenas va a compensar el mastodóntico gasto que por años han tenido las naciones electrificadas, conserva no obstante el mérito de apelar a la conciencia de la gente sobre la contaminación del planeta, no estoy seguro de que el llamado nos sirva igual a los cubanos que, mientras una buena parte del mundo civilizado derrochaba electricidad, vivíamos en medio de apagones constantes, nada voluntarios y perdurables en el tiempo según las caídas estrepitosas de la economía, la rotura repentina de alguna termoeléctrica o el eventual descenso en el abastecimiento de petróleo.

Leo el llamamiento y pienso que los cubanos hemos sobrecumplido con creces nuestra cuota de ahorro energético, indirectamente beneficiando a la naturaleza, y directamente afectando a nuestro buen humor, seguro de que cada uno de los promotores de la convocatoria, aún siendo probablemente buenas personas, han gastado combustible tanto como centenares de nosotros, que nunca sufrieron apagones de doce horas por doce horas en los más calurosos meses del verano tropical, y que por tanto, desconectar apenas diez minutos todos los equipos de casa les puede resultar un ejercicio gracioso, un pequeño desafío a la oscuridad que transcurrirá en un abrir y cerrar de ojos, para luego sentir la satisfacción de haber “hecho algo” por evitar el calentamiento global y la lluvia ácida.

El llamado anterior, conocido como La Hora de la Tierra y convocado por la ONG ecologista WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza, siglas en inglés), tuvo lugar el 28 de marzo de este año y consiguieron que, durante sesenta minutos y partiendo de Sidney, se apagaran sitios tan notorios como el Museo del Louvre, el Coliseo Romano o las Torres Petronas, muy orgullosos ellos por los mil quinientos edificios que quedaron a oscuras en la bahía de Hong Kong, mientras ya la nueva crisis energética cubana no dejaba más opción que desconectar barrios enteros en los siempre recurrentes “apagones programados”, oscureciendo empresas, fábricas y hasta frigoríficos por incumplir los apretados planes de ahorro.

A título personal, y aún siendo ecologista de corazón, ese día 17 de septiembre pienso encender por diez minutos todas las luces de mi domicilio, poner al unísono cada equipo eléctrico, incluyendo música, televisión, microondas, refrigeración y hasta la plancha, para ver si consigo sentirme un poco culpable por contaminar la atmósfera terrestre, luego de tantos años en la isla sin apenas poder hacerlo.

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Malasia, orgullosa de su apagón.

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miércoles, agosto 26, 2009

JAMA Y LIBERTAD: Pánfilo y su bandera accidental.





Pánfilo, hoy por hoy, es el símbolo cubano más universal en internet, es la foto de Korda del Che en la 2.0, la Guantanamera de los archivos de youtube. Se ha multiplicado como la verdolaga, como los panes y peces, o como una enfermedad venérea en el ducto de salida del totalitarismo. Se ha esparcido cual cáncer, muy a pesar de las normas higiénicas que el gobierno ha instaurado dentro de sus fronteras, muy a pesar de los recursos invertidos en que la epidemia de internet no llegue a las costas cubanas.

Jama, vocablo de extraño origen (cuentan que los españoles de posguerra tenían este dicho recurrente: “jamón jamás jamarás”), aceptado por la academia y visible en el Larousse, se volvió grito de guerra, chiste amargo y alegoría familiar en cualquier latitud donde fueran a dar cubanos con un ordenador y el anárquico poder de comunicarse con el resto de la humanidad.

Pánfilo, el héroe anti-heroico, el símbolo a pesar suyo, el beodo popular que devino voz de la sobria sociedad cubana, ahora está tras las rejas, en cana rumiando sus momentos de alcoholizada lucidez. Aterrorizado mártir de la curda, humano minimizado por las fuerzas mayores del poder, sin saberlo ya es un elemento de mutación en la historia de su nación.

Pánfilo, sin ser rebelde, sin ser opositor, sin agarrar un machete en la mano, alzarse en las montañas o editar publicaciones en contra de la dictadura, sin siquiera darse cuenta de lo que hacía, se ha convertido en un elemento del cambio social que ya se nos avecina. Y su liderazgo, como un Chaplin vagabundo que accidentalmente se pone delante de la manifestación, agitando la bandera por error, está sirviendo lo mismo para la generación hastiada por tanta falta de libertad, en un marco casi bufo, surreal, muy acorde con estos últimos años de nuestra historia patria.

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JAMA Y LIBERTAD, en el blog Salcedo Diario, la convocatoria.
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miércoles, agosto 19, 2009

Jama, libertad... y cordura.

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I. Yo no tengo la culpita.

A estas alturas, cuando toda la blogada cubana se ha volcado hacia la campaña Jama y Libertad, impulsada por los muchachos de Salcedo Diario, Enrisco y Guamá, - y a la cual este blog suscribe, junto a tantos otros - un debate interesante ha salido a la palestra a propósito del encarcelamiento de Juan Carlos (Pánfilo) González Marcos: ¿La televisión, en especial el canal 41, tuvo responsabilidad en el destino del ex marinero alcohólico?

No cabe duda que las cadenas televisivas reprodujeron de inmediato, con avidez, no sólo el video inicial aparecido en youtube, sino también las versiones curiosas de este, como el remix de Dj Sarracent, con la voz del propio Pánfilo mezclada en el pegajoso ritmo de un reguetón, como tampoco cabe duda de que, una vez agotado el efecto inicial, se las arreglaron para conseguir más declaraciones de Pánfilo, dos sagas que conservaron el ambiente de video improvisado y siguieron alimentando el seguimiento del tema y de paso, los ratings de la cadena televisiva.

En el tercer video se destaca la búsqueda ex profeso de la noticia, y se diría que alguien colaboró taimadamente con la borrachera de Pánfilo para que soltase lo que tuviese que soltar. Estos mecanismos sensacionalistas son habituales en la prensa que vive del escándalo, pero aquí, al parecer, atizaron también las brasas para que Pánfilo siguiese declarando, ebrio en el tercer video, las mismas palabras prohibidas de las que se había retractado, sobrio, en el segundo.

De cualquier manera tampoco es secreto para nadie que esta encarcelación orwelliana ya estaba preparándose desde meses atrás, y que, independientemente del comportamiento comercial de la televisión, los verdugos tienen nombre y apellido, además de grado militar, y no viven en La Florida sino en la capital cubana.

II. Río revuelto, ganancia de bromistas.

Hace pocos días me llegó el enlace a un vídeo de youtube con Michael Jackson vivo y declarando las razones de su falsa muerte. Quien no tuviese algunas nociones de idioma inglés podía resultar presa fácil del engaño, pues el truco, muy simple, se basaba en poner subtítulos castellanos falsos en una vieja entrevista del rey del pop donde sólo hablaba de su infancia y los maltratos de su padre. Miles de hispano parlantes habían caído en el engaño mediático, como ahora también otros tantos han caído víctimas de esa burla de mal gusto que es el video de la falsa esposa de Pánfilo.

La democracia de internet implica también esta clase de riesgos. De la misma manera en que pueden divulgarse ideas, noticias o imágenes auténticas que no aparecen en la prensa oficial, también pueden colarse los saboteadores de la cordura, los bromistas y trolls que, por encargo o por placer, desestabilizan el sentido común y a veces violan las normas más elementales de la decencia.

El video de marras, colgado por una cubana residente en España, muestra a una apócrifa mujer de Pánfilo, vestida demasiado “de estreno” como para vivir en un solar habanero, hablando con un acento raro y diciendo “vídio”, en lugar de “vidéo”, tal y como cualquier cubano lo pronunciaría, en una “locación” casi campestre que en nada se asemeja al barrio de El Vedado circundante a 23 y D. Los comentarios llamando a la cordura, al recordatorio de que Pánfilo no tenía mujer, sino que convivía en solitario con su madre, que en su casa no había esposa ni mucho menos los “niños” mencionados por ella, han sido persistentemente borrados por la titular del canal. Ella insiste en asegurar que el acento raro se debe a que la mujer es “guajira”, y que el video, en efecto, se lo enviaron desde Cuba.

Farsas como esta, en un sitio visitado por miles y miles de personas cada día, se vuelven un acto inmoral, irrespetuoso con la realidad del hecho, esa realidad que no necesita hipérboles ni teatros para legitimarse, y al mismo tiempo le dan a los talibanes del estado cubano algunas buenas herramientas para llamarnos embusteros a nosotros, los defensores de Pánfilo, de la Jama y de la Libertad.

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La sobreactuada "esposa" de Pánfilo (youtube) en la "jungla de 23 y D", en "El Vedado" español.

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Más sobre la campaña Jama y Libertad, AQUÍ.

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jueves, agosto 13, 2009

Caso Pánfilo cerrado.

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Tom Cruise en Minority Report apresaba criminales antes de que cometiesen el delito, gracias a la poderosa tecnología de su equipo especial del futuro. Para los cubanos esto no es gran cosa, pues tenemos, sin necesidad de esperar cien años o recurrir a la ciencia-ficción, una herramienta muy similar: el recurso de la “peligrosidad predelictiva”.

Nuestros leguleyos han inventado un método para meter a cualquiera en la cárcel sin siquiera presentar cargos. Una herramienta jurídica que simplemente pasa por encima de las reglas internacionales de justicia para sentenciar a quien deseen, sin necesidad de meterse en esos engorrosos trámites de pruebas, declaraciones, testigos… ¿quién necesita de semejantes nimiedades?

Mi sobrino Jorgitín pasó por esa cuchilla. El muchacho, algo mala cabeza, desorientado por una educación familiar errática, había dejado los estudios y se dedicaba a trapichear con piezas de bicicleta y a criar palomas. No asaltó a nadie ni jamás forzó la puerta de una bodega, pero aún así fue llevado un día por la policía y encerrado con otros cientos de muchachos, sólo por la declaración oportuna del presidente de su comité.

El juicio, en un recinto de la calle 114, en Marianao, fue a puertas cerradas, con un solo abogado defensor para todos, un joven militar que, visiblemente ofuscado, se encogía de hombros cada vez que algún familiar le preguntaba si el juez escuchó tal o más cual argumento. Una madre traía el papel con firma y cuños corroborando que el hijo suyo sí trabajaba, que su denuncia fue sólo un ensañamiento del presidente del CDR, porque el niño ponía música alto y eso al viejo le molestaba. Demasiado tarde, ya todos habían sido condenados a dos años de cárcel, dos largos años que habrían de transcurrir “educativamente” en un pabellón especial del Combinado del Este.

Ese mismo recurso le vino como anillo al dedo a los persecutores políticos de Juan Carlos González Marcos, más conocido por Pánfilo, y a quien el mundo entero pudo conocer gracias un vídeo de youtube donde intervenía, borracho perdido, para decir “aquí lo que hace falta es jama (comida)”… No asaltó a nadie, no forzó la puerta de una bodega, sólo dijo que tenía hambre y eso fue suficiente para que el mecanismo artesanal de Minority Report lo procesara por peligrosidad predelictiva, por posibles delitos en el futuro que seguramente habría de cometer un hombre que llevaba diez años sin trabajar para el gobierno, desde que abandonó, o fue cesanteado de la Flota Cubana de Pesca.

Ni siquiera se mencionó en su “juicio” el tema del famoso vídeo, o de otros dos vídeos más que complementaron al primero (en el tercero incluso llegaba a profetizar, con la lógica aplastante de aquel Jesús de Camagüey en la obra de Piñera, que en cualquier momento iba a terminar metido en Villa Marista), aunque el Tribunal de Plaza se mantuvo fuertemente custodiado por efectivos policiales y paramilitares, no como un simple “posible delincuente” entre tantos otros, sino como una figura simbólica que hay que mantener fuera de la vista de CNN.

Pánfilo no corrió con la suerte del músico Gorki Águila en su más reciente arresto. Gorki, gracias a la presión internacional, y aún prendido por el mismo “delito”, fue liberado con una multa y un tirón de orejas. Pánfilo acaba de ser condenado a dos años de cárcel, sin posibilidad de apelación, enfermo de alcoholismo y oculto a la prensa internacional hasta ver si al mundo se le pasa la fijación con ese negrito que, aquel día fatal, se atravesó delante de una cámara pidiendo comida.
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Eso sí, Minority Report también nos enseñó como el truco de adelantarse al futuro y condenar personas aún inocentes, en un momento determinado puede volverse también en contra de los propios gendarmes. Ojo, compañeros, aprendan del susto que se llevó Tom Cruise.

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Seguimiento del caso Pánfilo en Habana Memorias:

- ¡JAMA! (abril 29-2009).

- Pánfilo y el Reality bufo (mayo 12-2009).

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lunes, agosto 10, 2009

De cómo se descarriló El Expreso (II).

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(…continuación)

Aún estando ya fuera del programa cuando aconteció el descarrilamiento de El Expreso a causa de la boda en pantalla de su presentador Jorge Martínez, me mantenía trabajando en la División de Dramatizados, al otro lado del pasillo en el sexto piso, y sin perder mi amistad con Gloria Torres, la directora general del show.

La propia noche en que salió al aire el programa, Gloria y yo hablamos por teléfono. Le confesé que me parecía bastante cursi la manera en que había sido manejado el tema, pero que de cualquier manera, algo de color fresa no estaba mal de vez en cuando para un espectador medio que en su vida cotidiana lo veía casi todo gris con pespuntes verdes.

Ya sabía, por ella y por mis otros buenos amigos del programa, los avatares que desembocaron en la consumación audiovisual de aquel matrimonio. El propio día de la grabación, una tarde cualquiera entre semana, todavía no tenían una locación segura para hacer la boda. Fue Edith Massola quien los puso en contacto, en el último minuto, con el Salón Rojo del Hotel Capri, y hacia allá fue la Unidad de Remoto, con sus tres cámaras y unas pocas luces de apoyo, sin gasto extra de combustible porque el Salón Rojo queda a escasas tres cuadras del ICRT y casi todos iban a pie, para improvisar escénicamente algo que habría de parecer una boda elegante. Ni siquiera había bebida para los invitados, sólo unas pocas botellas que los actores consiguieron para poder brindar, y el kake de cartón con algo de merengue fue prestado por alguien para resolver en el momento. Aquel “ostentoso” pastel de bodas no era más que un elemento de atrezzo, y la botellita de sidra un pequeño aporte del novio para mejorar la vistilla del himeneo.

Así salió al aire la boda de Jorgito Martínez, con problemas de iluminación a veces, pero con el salsero Paulito FG y el Ballet de la Televisión Cubana (del cual la novia era parte) en todo su esplendor, y un coro muy fino cantando el Ave María en un espacio habitualmente destinado al consumo en moneda dura. Fue un domingo como cualquier otro. A fin de cuentas la televisión ya había mostrado otras bodas, como cuando Alexis Valdés se casó en vivo con Jackeline Arenal, o había impulsado transmisiones festivas igualmente cursis como los cumpleaños de Elián González, sin que nadie se hubiese muerto por eso.

El lunes transcurrió sin el menor sobresalto, y sólo el martes se desató la tormenta, luego de que apareciese publicada la célebre crítica de Pedro de la Hoz en el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. A correr liberales de Perico.

El artículo arremetía feroz en contra de aquello que el periodista había entendido como un remedo de la cultura miamense, de la nostalgia por los valores burgueses que tanto se habían distanciado ya de nuestra conciencia proletaria. Se criticaba con dureza que se presentase aquella boda en un lugar lujoso, inalcanzable para el ciudadano común, como si el Salón Rojo hubiese sido un invento de El Expreso y no la marca de una aberración económica con algunos privilegiados en moneda libremente convertible y millones de eternos resignados a la marginación.

Ningún espectador había protestado por el show, y no obstante a ello, esa noche salió una disculpa en el Noticiero Nacional de Televisión mintiendo sobre el origen de la molestia, garantizando la eventual delimitación de responsabilidades y el castigo ejemplarizante para los culpables. La dirección del ICRT había puesto a rodar un mecanismo que muchas otras veces había funcionado: usar a la supuesta opinión pública para divulgar juicios emitidos desde el poder. Sólo que esta vez, quizás por tratarse de un tema no político, el público optó por desmentir el embuste y reclamar la aceptación de su verdadero punto de vista.

Los teléfonos no dejaban de sonar en la televisión, y mucha gente repetía esta frase: “Yo quiero saber cuál fue ‘el pueblo’ que se indignó con El Expreso, porque yo no fui”… Jóvenes en grupos, a veces de uniforme escolar, pasaban cerca de las puertas del organismo y gritaban: “¡Que vuelva El Expreso!, y en mis propias manos tuve un mamotreto firmado por cientos de personas del municipio Cerro, nombrados a sí mismos “Comité de apoyo al Expreso”.

Creo que gracias a ello no hubo castigos importantes para el equipo de realización, si descontamos la vergonzante sanción laboral al asesor del programa. Aunque en el extranjero se habló de “cabezas que rodaron”, “posibles arrestos” e hipérboles por el estilo, en verdad el conflicto recibió tierra encima de manera bastante prematura. Incluso se grabaron unos cuatro programas más después de aquello, en los que participé sólo como guionista y ya con el saliente asesor a buena distancia, a petición de Gloria. Estos programas nunca llegaron a transmitirse.
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Gloria Torres, deslindándose de riesgos innecesarios, dirigía meses después La Noche Favorita, en el mismo horario, sacando partido a su formación musicológica y manteniendo a Los Robertos en una sección muy popular de sólo cinco minutos.

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Material compactado de dos programas del canal 41, de La Florida, tratando el tema de la censura de El Expreso, en el 2006. Pasadito de sensacionalista pero reflejando el impacto del fenómeno en aquel momento.



Así se vende el programa pirateado, por Internet.
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domingo, agosto 09, 2009

De cómo se descarriló El Expreso (I).

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El amigo Angel Ramis, conocido como el Cabo Pantera, solía decirme en alta voz, cada vez que nos cruzábamos por los pasillos de la televisión: “¡Fuiste tú quien descarriló al Expreso!”… Yo me reía como hacía siempre con sus chistes, y siempre, invariablemente, le contestaba: “No, Ramis, cuando sacaron al Expreso del aire yo llevaba un mes fuera del programa, no tuve nada que ver con aquello…”

Llegué a El Expreso un año y medio atrás, cuando el programa pasaba por un mal momento. La idea era excelente, un musical con forma de comedia, la llegada de un tren cargado de artistas a una estación con cabaret, bar y tienda de suvenires, pero que no acababa de cuajar en el gusto de la teleaudiencia y por ello Gloria Torres, la directora general, necesitando guiones consistentes y alguien que se encargara de conducir las escenas con actores, me llamó para servirle de ambas cosas. No existía plaza de director dramático en la redacción de musicales, y aunque ese fue mi crédito a partir de entonces, mi salario me lo arreglaron con el mínimo disponible para el obsoleto cargo de “director de posproducción”.

Corrimos con suerte. El formato de El Expreso fue enriqueciéndose con episodios mejor estructurados, con los comediantes del elenco fijo y otros invitados cada domingo, todos de gran popularidad, y por supuesto, nunca faltó lo mejor de la música nacional, grupos, orquestas y solistas que desbordaban la gruesa agenda de Gloria Torres. Con Jorge Martínez de conductor – en su papel de Jefe de Estación – seguido por Jardiel, los Robertos, Sajaris, Yoraisi… el programa cubrió, por un buen espacio de tiempo, la necesidad de humor televisivo, sobre todo en una época en la que ¿Jura decir la verdad? estaba de descanso y aún no comenzaba Punto G.

Trabajamos duro y transcurridos dos meses ya el programa había subido al número uno del rating en la División de Musicales, aunque justamente por pertenecer a esa redacción comenzaron a sobrevenir los problemas.

Los asesores de programas musicales, a diferencia de la redacción de dramatizados, funcionaban más como censores que como colaboradores artísticos. Siempre hubo excepciones, pero en general solían tener ciertos conocimientos de música cubana y mucha ignorancia en cuanto a todo lo demás, muy poco sentido de la dramaturgia y extrema candidez en lo referente a la cultura general. Ello facilitaba hacer chistes con doble lectura, bromas verdaderamente fuertes que les pasaban entre las piernas sin que se dieran cuenta, pero a veces nos sorprendían con inusitadas paranoias, hallando provocaciones políticas donde no las había ni remotamente.

El patético asesor de El Expreso dejaba pasar, por ejemplo, la sutil burla a Serrano, el oficialista locutor del Noticiero – referente a cierta noche en que maltrató en vivo al coordinador – pero podía retirar de la edición el tema “El Bodeguero”, sólo por su coro “toma chocolate, paga lo que debes”, en una época en la que al comandante en jefe le había dado por distribuir bolsas de chocolate en la cuota alimenticia y hablar a diario, obsesivamente, de las bondades del chocolatín.

Una discusión con el asesor, a comienzos del 2006, llenó la copa de tantas madrugadas sin dormir – los únicos turnos de edición disponibles, en una de las dos únicas computadoras del canal con el programa Avid para las ediciones digitales, eran de madrugada – saliendo del ICRT a las tres o cuatro de la mañana y sin transporte para volver a Marianao, luchando almendrones que a esa hora subían a 20 pesos el pasaje, así que una tarde aciaga en que pude haber tirado al asesor por la escalera que derrapa en la puerta de la calle M, conté hasta diez y me salí del show.

Al mes siguiente una noticia conmocionó al país, trascendiendo morbosamente al exterior: El Expreso había sido retirado del aire, a raíz de la boda en cámara de su presentador, Jorge Martínez, con una bailarina del Ballet de la Televisión. El programa fue atacado por el periódico Granma, acusado de transmitir valores burgueses en una celebración al estilo de las revistas del corazón, y por azares de la vida, fue precisamente aquel asesor paranoico quien terminó recibiendo los palos. El hombre fue sancionado y retirado de un show que, aún a pesar del reclamo popular y algunos programas más que llegaron a grabarse en balde, no volvió a salir más al aire, ni a llenar con música y chistes aquel espacio de los domingos en la noche.

(Continuará…)

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Durante una de las grabaciones en el Estudio 10, delante de la orquesta invitada, figuras como Haila Mompié, Tania de Bamboleo, Vanny, Raúl Lora y Anabel López, en uno de esos temas de muchas voces grabados para el programa y por alguna buena causa social.
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martes, agosto 04, 2009

Maleconazo con vuelta a la manzana.

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Era viernes 5 de agosto en un San Cristóbal de La Habana castigado por el calor, la avitaminosis y los asfixiantes apagones. Bajaba por la calle Zanja en mi bicicleta china, y al desembocar en Infanta un montón de gente excitada corría en dirección al malecón. Alguien gritaba que más abajo unas personas le habían caído a pedradas a los cristales del Hotel Deauville, y que ya estaban apareciendo los escuadrones de la policía y el contingente Blas Roca para controlar la situación.

Me acerqué a la zona de los disturbios tanto como la cordura me lo aconsejó. Mi hija pequeña esperaba por mí en Marianao, y tomar la ruta del malecón hasta la calle 23 habría sido un desvío imprudente. Algo sin embargo me decía que allí estaban viviéndose momentos históricos. Desde que tenía uso de razón, jamás había visto a tanta gente enardecida gritando consignas en contra del gobierno. “Libertad, libertad” y “Abajo Fidel” eran las más recurrentes en las gargantas de gente humilde, jóvenes y maduros, que pasaban junto a mí, muchos también pedaleando sus bicicletas chinas.

En la esquina con Carlos III me encontré con un viejo conocido, un practicante de wu-shu del barrio chino que había estado unas horas antes sentado en el muro de la bahía, esperando para ver si era cierto el rumor de que vendrían barcos a sacar a quienes quisieran irse, para viajar a los Estados Unidos. “Aquello se puso malo, asere”, me dijo, “la gente se encabronó porque se regó que la cosa no era allí, en La Punta, sino más cerca de la Oficina de Intereses. Llegó la policía, disparando al aire, y yo por si acaso me desaparecí de por todo eso…”

Esa misma tarde, a las cinco, pude ver en la televisión las imágenes que transmitió CHTV, el canal local de La Habana, y reconocí a algunos de mis amigos periodistas, jóvenes con poco tiempo de graduados, reportando desde la azotea del Hotel Deauville. La toma en picado dejaba ver a gente de todo tipo apedreando al inmueble, mujeres y adolescentes incluidos, habitantes de la ciudad que ya no aguantaban más la crisis y de manera violenta, equivocada quizás pero siempre comprensible, manifestaban su inconformidad rompiendo las vidrieras de lo que consideraron un símbolo de riqueza en medio de la hambruna general.

En la noche, a la hora de la emisión estelar del noticiero por las cadenas nacionales, ya no se vieron más aquellas imágenes, sólo planos cerrados con la llegada de un supuesto “pueblo” que armado con palos y cabillas había arribado al malecón para contrarrestar las acciones subversivas de un “grupúsculo de antisociales pagados por el imperialismo”. Cualquier cubano podía reconocer a los constructores del contingente Blas Roca, individuos de poca ilustración que habían sido trasplantados desde Oriente para construir instalaciones turísticas en la capital, pero serían fáciles de confundir con gente común a los ojos de cualquier extranjero que esa noche viese, en su país, las imágenes que CNN copió de la transmisión cubana.

Se veía llegar a Fidel en un jeep, mientras un épico locutor comparaba la escena con el arrivo del comandante a Playa Girón en el año 61. Lo que había presenciado con mis propios ojos, en vivo, aquí parecía un acontecimiento diferente. El invicto comandante en jefe caminaba partiendo el tumulto, mientras se escuchaban las consignas: “¡Esta calle es de Fidel, esta calle es de Fidel…!”, y ahí mismo entendí que la única manifestación real en contra del gobierno en La Habana había sido sofocada, no con armas o tanques, sino con el más taimado de los embustes.

Días después, cuando recorría El Vedado buscando un paquete de salchichas, me encontré con aquel amigo, uno de los periodistas de CHTV cuya voz había reconocido en la fugaz transmisión de las cinco de la tarde, y me contó que, efectivamente, al llegar las fuerzas represoras, la mayor parte de los que gritaban y lanzaban piedras, habían escapado a tiempo, y luego de dar la vuelta a la manzana, se pusieron a la cola del contingente Blas Roca a gritar las consignas a favor de la Revolución. Su posición privilegiada desde lo alto del hotel le había permitido comprobar hasta qué punto podían llegar la picardía y la doble moral de nuestros conciudadanos, cuando de salvar el pellejo y sobrevivir se trataba.

La olla de presión no llegó a estallar del todo en la ciudad. Semanas después el gobierno abrió la válvula con medidas que no podían esperar más. Accedieron a cierto tipo de comercio por cuenta propia y no encerraron a nadie más en la cárcel por llevar dos o tres dólares encima. Quizás llegamos a convencernos, mientras transcurrían los noventa y el nuevo siglo atracaba en el puerto de La Habana, que todo aquello no había sido más que un mal sueño.
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Pero otra vez llega el 5 de agosto a San Cristóbal de La Habana, y pasados quince años del Maleconazo, nuevas restricciones, nuevos apagones, nuevas avitaminosis sobrevuelan la ciudad, y una vez más el embuste estira sus músculos, confiado en que puede solucionar cualquier crisis con la maestría adquirida en sus cincuenta años de experiencia al frente de la nación.

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Fotogramas de un vídeo casero tomado desde un auto, el 5 de agosto del 94, donde puede verse a los policías apresando, encañonando y golpeando a un muchacho, presumiblemente un miembro del "grupúsculo de apátridas vendidos al imperialismo".




Una recopilación de imágenes clandestinas del Maleconazo.

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sábado, agosto 01, 2009

Tu verano está en el seis.

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Cuando en el mundo civilizado ya era cosa normal la televisión por cable, nosotros en Cuba seguíamos conformándonos con sólo dos canales que transmitían por antena unas cuantas horas al día. De ahí que la llegada del verano a las transmisiones televisivas se nos volvía un evento de jolgorio nacional.

Aún en los noventa, julio y agosto eran meses de poder ver televisión desde la mañana hasta la noche, al menos por uno de los dos canales disponibles, esos que otrora no se llamaban “Cubavisión” y “Tele Rebelde”, sino sólo “el Seis” y “el Dos”. Los canales cubanos llevaban a nuestros toscos televisores en blanco y negro algo de entretenimiento variado, desde los “muñequitos rusos” – llamados así aunque viniesen de cualquier parte de Europa del Este – hasta series y películas que no trajesen consigo mensajes nocivos para nuestra pureza ideológica.

La televisión de verano era como el sábado y el domingo en el internado gigante que nos tocó para vivir, un breve período de esparcimiento que nos habíamos ganado con la austeridad y el ascetismo de los otros diez meses del año. Unas cuantas películas adicionales, algunos programas de estreno, musicales especiales, hacían que olvidáramos que de septiembre a junio sólo teníamos algunas horas diarias de transmisión, siempre en horarios no laborables.
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La excepción fue quizás La Revista de la Mañana, que abrió por un buen tiempo a Tele Rebelde a las siete, terminando a las once, aunque de cualquier manera fue suspendida al sobrevenir la crisis, y sólo repuesta años más tarde en su versión corta y mucho más ideologizada, la revista Buenos Días. La setentera Revista de la Mañana se ganó, igual que la impresa Opina, un tema de los Van van, cuando mi hermana y yo esperábamos para ver aquel horrendo animado checoslovaco Orejitas a cuadros, para luego salir pitando rumbo a la escuela primaria.

En los mismos setenta, a alguien se le ocurrió la generosa idea de premiar a los jubilados con películas viejas al mediodía, aprovechando la vasta despensa de antiguos filmes mexicanos, argentinos y españoles que desde los cincuenta quedaron en la isla, pero tiempo más tarde otro funcionario rectificó y sacó del aire el espacio Cine del ayer, con la justificación de que los estudiantes de secundaria se estaban escapando de las escuelas para ver aquellas historias burguesas que nada aportaban a los valores de nuestra sociedad socialista.

Mi abuela se quejaba en la intimidad de su casa: “Yo entiendo que quiten las películas de Hugo del Carril, pero… ¡si por lo menos pusieran películas rusas!”… Ella no se daba cuenta de que el problema no era la carga ideológica, sino que la gran masa estudiantil y trabajadora no estaba en horario de recreación al mediodía de un mes cualquiera del año. Para el asueto estaban los meses del verano, vacaciones oficiales decretadas por el estado y por tanto, el momento en que el internado gigante daba permiso a sus becarios para disfrutar de unas cuantas horas más delante del televisor.

Por ello quizás se me hace imposible llegar al verano sin esa sensación de que algo especial va a ocurrir con mi televisor. No importa que fuera de la isla ya uno tenga acceso al menos a 50 canales en un paquete básico de cable, o que dentro ya se las hayan ingeniado para poner a funcionar cuatro o cinco estaciones, alguna que otra transmitiendo las 24 horas, no importa porque el recuerdo de la rivalidad entre La esclava Isaura por el seis y El árabe por el dos, siempre va a acompañarnos, como parte de las holganzas audiovisuales que nos ganábamos una vez al año en aquella beca que fue – y aún sigue siendo – el archipiélago cubano.
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