Recordando algunas de las objeciones que mi buen amigo Jorge Ignacio Pérez (ex - periodista del Granma, emigrado en Barcelona y autor del blog Segunda Naturaleza) tiene acerca del trato que suele dársele a los emigrantes en España, pensaba en la visceral diferencia que entraña ser emigrado latino allá en la península, y serlo de este otro lado del mundo, por ejemplo acá, en un país como México. Acaso debería preguntar su parecer a otros buenos amigos bloggeros, como Camilo Venegas (El Fogonero), quien vive en la República Dominicana, ese mismo país del que Ana Zilma Miranda (Bisturí sin filo), está justamente trasladándose a España, siendo todavía quizás un poco prematuro preguntarle si está o no de acuerdo con el parecer de Jorge Ignacio.
Aún no sé si en San Luis Potosí, aquí mismo en México, donde vive el amigo Ángel Collado (Collado Ruiz, apuntes literarios), se celebró el Día del Migrante como acá en Hermosillo, lo que sí me consta es que, en esta ciudad, el domingo en la noche tuvo lugar un evento donde los mexicanos del noroeste demostraron con creces que este no es un buen sitio para la xenofobia o el menosprecio al extranjero que corta sus raíces y llega a compartir espacio, trabajo y comida con los nativos.
Al decir de René Yégüez, un venezolano que lleva aquí una buena cantidad de años, en esta región, lejos de ser un problema llevar el cartelito de extranjero, es casi una ventaja, pues los sonorenses se caracterizan por ser en extremo hospitalarios, por echarle la mano a quien lo necesite y en especial a aquellos que vienen de lejos, aventurándose hasta este peculiar clima de desierto. Quizás la diferencia está en que un país como España, donde a menudo los sudamericanos somos reducidos conceptualmente al peyorativo término sudaca, no es muy partidario de vernos como iguales, en tanto México tendría más de una razón cultural para asimilarnos como sus parientes cercanos.
El domingo se nos fue en la Plaza Zaragoza, en el Festival del Migrante 2009, entre los stands de unos quince países, repletos con sus artesanías, curiosidades y comidas típicas, y en el espectáculo junto al Palacio de Gobierno, en un escenario que aglutinó a artistas emigrados, lo mismo aficionados que profesionales, de unas ocho naciones. Jairo y Lorena, bailarines cubanos de la compañía Aldo Siles, danza contemporánea, estrenaron la coreografía Sábanas blancas, con aquel tema tan emblemático de Gerardo Alfonso, Marie la francesa cantaba la versión original de My way (Comme d’habitude), que no es de Sinatra como casi todo el mundo cree, sino de Claude François, y se turnaban los armenios, música de cámara, la danza Sakura, sakura, de Japón, y el león de China con tangos, calipso del Cayáo y la soprano habanera Marybel Ferrales con sus temas de Lecuona. El cierre, a cargo de un recién emigrado de relevancia internacional, Marciano Cantero, de Enanitos Verdes, el famoso grupo argentino.
Aún no sé si en San Luis Potosí, aquí mismo en México, donde vive el amigo Ángel Collado (Collado Ruiz, apuntes literarios), se celebró el Día del Migrante como acá en Hermosillo, lo que sí me consta es que, en esta ciudad, el domingo en la noche tuvo lugar un evento donde los mexicanos del noroeste demostraron con creces que este no es un buen sitio para la xenofobia o el menosprecio al extranjero que corta sus raíces y llega a compartir espacio, trabajo y comida con los nativos.
Al decir de René Yégüez, un venezolano que lleva aquí una buena cantidad de años, en esta región, lejos de ser un problema llevar el cartelito de extranjero, es casi una ventaja, pues los sonorenses se caracterizan por ser en extremo hospitalarios, por echarle la mano a quien lo necesite y en especial a aquellos que vienen de lejos, aventurándose hasta este peculiar clima de desierto. Quizás la diferencia está en que un país como España, donde a menudo los sudamericanos somos reducidos conceptualmente al peyorativo término sudaca, no es muy partidario de vernos como iguales, en tanto México tendría más de una razón cultural para asimilarnos como sus parientes cercanos.
El domingo se nos fue en la Plaza Zaragoza, en el Festival del Migrante 2009, entre los stands de unos quince países, repletos con sus artesanías, curiosidades y comidas típicas, y en el espectáculo junto al Palacio de Gobierno, en un escenario que aglutinó a artistas emigrados, lo mismo aficionados que profesionales, de unas ocho naciones. Jairo y Lorena, bailarines cubanos de la compañía Aldo Siles, danza contemporánea, estrenaron la coreografía Sábanas blancas, con aquel tema tan emblemático de Gerardo Alfonso, Marie la francesa cantaba la versión original de My way (Comme d’habitude), que no es de Sinatra como casi todo el mundo cree, sino de Claude François, y se turnaban los armenios, música de cámara, la danza Sakura, sakura, de Japón, y el león de China con tangos, calipso del Cayáo y la soprano habanera Marybel Ferrales con sus temas de Lecuona. El cierre, a cargo de un recién emigrado de relevancia internacional, Marciano Cantero, de Enanitos Verdes, el famoso grupo argentino.
.
No tanto por las palabras del político que clausuró el evento – el gobernador de Sonora en persona con todo y su dispositivo de seguridad – sino por el amable intercambio entre los muchos emigrados con la gente de Hermosillo, se podía respirar en la Plaza Zaragoza el ambiente de amistad sincera, al recorrer los diferentes stands, al percibir la alegría sana de quienes no padecen la emigración ajena (acaso por sufrir la propia en tierra de los gringos), sino que se entregan de buena gana a los goces interculturales.
.
Los stands competían entre sí por un premio del Gobierno y el Instituto de Turismo, y Cuba se llevó el primer lugar, en un empate sin precedentes con Venezuela. No obstante podría decirse que la competencia en este caso fue apenas un pretexto para ponerle ganas al lucimiento de cada comunidad, y a la postre, un espléndido espacio para sentir aquella grata sensación de que, al menos por unas horas, las fronteras de este mundo no son tan importantes.
_
La danza del león, al momento de iniciar el espectáculo.
_
_ Marciano Cantero, de Enanitos Verdes.
_
Aunque la prensa apenas recogió las fotos y palabras finales del gobernador, después que este se bajó del escenario fue que en verdad se clausuró el evento, con una buena parte de sus artistas cantando a coro La vida es un carnaval, de esa emigrada que fue la gran Celia Cruz, y poniendo a bailar al abundante público en la fría noche decembrina.
_






















