
Conocí personalmente a Pablo Milanés en esa misma época del Instituto, en uno de los tantos conciertos que ofrecía para los estudiantes de arte. Algunos de mis compañeros y yo nos acercamos a él, sólo por el placer de estrechar la mano a uno de los más brillantes hacedores de la cultura nacional. Todavía no habíamos despertado de la utopía, ni nosotros ni él, pero ya teníamos la certeza de que la magia de su música estaba por encima de cualquier tendencia política. Ya Pablo había entrado al salón de la fama de los trovadores, querido en todo el planeta, y aquella breve conversación pasó a ser uno de esos recuerdos cálidos para guardar y compartir durante el resto de la carrera.
Edmundo, el pedante, el insípido agente a quien el gobierno cubano encargó irse a Miami para hacer publicidad izquierdosa en los medios alternativos, ha sacado un artículo (que reproduce el blog del talibán oficialista Enrique Ubieta) donde ataca a Pablo Milanés, reclamándole por sus posturas críticas al gobierno y por una supuesta “mala influencia” que ha ejercido sobre sus amigos Serrat, Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén.
Pablo, el genio, el inmenso compositor, le ha contestado públicamente, y lo ha hecho con una mezcla de hidalguía y centrohabanidad que da gusto. Su respuesta no sólo ha venido a puntualizar algunas de sus ideas personales respecto al tema cubano, sino que ha propiciado ese esperado momento en el que alguien de su prestigio pone en su sitio al desaforado alfeñique Edmundo García.
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El pedantesco Edmundo García, en Cuba, muy acaramelado con Enrique Ubieta, uno de los bloggeros oficialistas más mediocres de toda la talibanada castrista.
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