lunes, marzo 21, 2011

Carnavalito para Obama.

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Era febrero del 2009 y Obama aparecía en la pierna de una reina del carnaval brasileño. Esta creación de la naturaleza, Viviane Castro, se manifestaba entonces, muy sobria de vestimentas, contra la comercialización de la Amazonía a favor de los Estados Unidos. Lula da Silva aparecía en la otra pierna y los brasileños en masa disfrutaban de la protesta como mejor saben hacerlo, con la alegría del samba y la belleza de sus mujeres.
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Pero a largo plazo, ni siquiera Brasil con toda su alegría escapa a la influencia amarga del estalinismo seudo comunista.
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El carnaval de la hipérbole.

Dice Prensa Latina que “cientos de manifestantes repudiaron hoy (20 de marzo de 2011) la presencia del presidente de Estados Unidos…”, Bohemia cuenta sobre una “violenta represión” donde fueron apresados quince jóvenes, y Telesur informa sobre protestas de unas 500 personas. El resto de las fuentes, probablemente todas vendidas al imperialismo y comprometidas con la campaña de desinformación en contra de la revolución cubana, hablan de una visita tranquila, con algunas protestas por parte de pequeños grupos, convocados por partidos de izquierda, y que no tuvieron tanta concurrencia como la que se esperaba. La represión que cuenta Bohemia no se ve ni en el reportaje de Telesur, donde apenas se detalla como fuerzas a caballo impidieron el paso de los manifestantes al teatro donde Obama pronunciase su discurso.

Este es otro capítulo de la fiebre anti yanqui en un período en el que Libia acapara los titulares, Gadafi – el amigo de quienes propagan estas “grandes protestas” – es beneficiado con un poco de distracción mientras medita en lo que va a hacer con la coalición y los sublevados, y de alguna manera, en las protestas de estos izquierdistas brasileños se cuelan banderas cubanas y fotos de los cinco espías de la red Avispa, íconos casi siempre manejados por las embajadas cubanas en cualquier país donde siempre aparecen devotos del castrismo para levantar carteles en lugar de los diplomáticos.
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Las imágenes hablan por sí solas. Cuatro gatos aparecen en planos mayormente cerrados, con banderas de la Liga Comunista o del Partido Socialista y las viejas consignas al estilo Go home!, esas que parecían muy acordes en tiempos de Nixon, pero ya un poco anacrónicas con Obama y su imagen liberal. De trasfondo, el sospechoso reclamo por la no invasión a Libia. Entre 500 (conteo conservador de Telesur) y 600 manifestantes (conteo exacerbado de Prensa Latina), las agencias comprometidas con los Castro y con Chávez pintan una parada multitudinaria con unos pocos centenares de fanáticos en una ciudad donde habitan seis millones de personas. Todo un carnavalito socialista en la tierra de la alegría.

Ahora que ejtamo en Cuba libre, celebrando ejte carnaval.

A diferencia de la realidad brasileña, esa nación con corrientes de izquierda muy latentes, con grandes fisuras de desigualdad social pero con una economía con los pies sobre la tierra y un futuro prometedor, nuestra alegría de carnaval lleva varias décadas secuestrada por la ideología dominante. Lo que en Brasil es excepción, en Cuba es la regla. Nuestros carnavales ya no son los del malecón y las carrozas, sino las marchas del pueblo combatiente en la plaza de la revolución. Nuestros debilitados paseos de comparsas ya no pueden competir con los desfiles políticos, ni los muñecones pueden superar en número a las enormes fotografías de los líderes supremos.

Como hace tantos años fueron abolidas las reinas del carnaval, no hay la más mínima posibilidad de que tengamos a nuestra propia Viviane Castro protestando contra la Base Naval de Guantánamo con Obama pintado en una pierna. Sólo las amargas turbas con banderas rojas gritando las mismas consignas en contra del imperialismo.

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Círculos bolivarianos, partido y liga comunista en una marcha convocada desde una semana antes y que también sirvió para proteger a Gadafi de las malas intenciones norteamericanas.

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