miércoles, abril 21, 2010

Ellos no tendrán su serie de televisión.

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A principios de los ochenta la televisión cubana estrenaba una serie, en la que el excelente actor Enrique Molina interpretaba a un maestro cubano que, poco tiempo antes, había sido asesinado, por la contra nicaragüense, en la comarca de Aguas Sacras. Águedo Morales se convertía en mártir de la revolución, y todos nos conmovimos con aquella escena en la que Carlos Otero lloraba con Molina entre sus brazos, un preámbulo de homenajes que siguió con decenas de escuelas en todo el país bautizadas con el nombre del fallecido maestro pinareño. Todo con tal de denunciar a la contrarrevolución, a sus patrocinadores norteamericanos y de paso, propagar los valores altruistas del “internacionalismo proletario”.

Pero muchos otros cubanos han muerto en tierras extranjeras sin que por ello reciban la menor mención en la prensa nacional. Muchos médicos fueron asesinados en Venezuela en los últimos años, y sólo recientemente el ministro de Salud Pública reconoció, sin demasiados detalles, que 69 médicos cubanos han muerto, hasta el momento, en la llamada Misión Barrio Adentro. La prensa de la isla nunca reportó tamaña cantidad de bajas, como tampoco cuenta de los más de 1.500 médicos que han desertado cruzando la frontera colombiana.

Ya existía una placa, en el Centro de Diagnóstico Integral Salvador Allende, de la capital venezolana, recordando a los primeros 68 que murieron “en cumplimiento del deber”, pero hasta allí nunca llegaron los muchos reporteros que envía el Sistema Informativo para exaltar la generosidad de la revolución, hasta allí no mandó el ICRT a un equipo para recolectar información acerca de Rosa María Christy Labañino, asesinada de un escopetazo por un menor de edad, o de Carlos Ordóñez Pedroso, ejecutado por ladrones, o de Raquel de los Ángeles Pérez, apuñalada por un drogadicto, para con ello armar una serie dramatizada donde los cubanos actuales nos identificásemos con ellos, con otro montón de muertos, o con las tantas doctoras violadas en los marginales cerros de Caracas.

No le va a tocar nunca a Enrique Molina encarnar a Luis Reinier Fuente, víctima de asaltantes que forzaron el módulo donde trabajaba, en Villa de Cura, y sólo porque el doctor no fue asesinado por la CIA, la contrarrevolución o algún terrorista enviado por Posada Carriles. Para el gobierno cubano tiene más importancia propagandística un turista italiano muerto en el atentado de un hotel habanero, que siete decenas de compatriotas, enviados como carne de cañón a los más peligrosos rincones venezolanos, sin la debida protección y sin más estímulo que viajar fuera del país para escapar en cuanto sea posible, o al menos, para hacerse de algo de pacotilla conque escampar la perpetua crisis nacional. En eso estaba Rosa María Christy, comprando ropa para mandar a su hija de siete años, cuando fue asaltada. La niña huérfana nunca verá el nombre de su mamá en la televisión, ni en la fachada de un hospital en su natal Camagüey.

Pero, obviamente, para gobernantes que no hacen épica de la tragedia si esta no es provocada por el enemigo imperialista – o como en este caso, a causa de una incontrolable situación de violencia en el país aliado – bien vale la pena unos cuantos muertos más, si con ello siguen resolviendo a buen precio ese petróleo tan necesario para que la economía del país no termine por colapsar del todo.

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5 comentarios:

Jorge Ignacio dijo...

Un mazazo, Rodrigo, esto que has escrito. Tengo una gran amiga enfermera destinada en Venezuela. Temo por ella. Les has encontrado el ángulo perfecto a este tema. indiscutible. un abrazo.

Adonis Liranza Díaz dijo...

Concuerdo con Jorge Ignacio. Es una necesaria reflexion que ojala todos los cubanos puedan hacer. Gracias.

Anónimo dijo...

excelente artículo solo una objeción amigo los desertores son muchos de 1500,esa es la cifra que echan a rodar ellos , así que te podrás imaginar la verdadera.

Anónimo dijo...

Creo que se puede documentar bien todo eso. Hay material para diferentes trabajos o para uno monumental. Tú tienes el talento y las herramientas intelectuales necesarias, para sacar de ahí una gran obra. ¡Métele mano! Si yo puedo ayudar en algo, cuenta conmigo. RPR

Rodrigo Kuang dijo...

Revisé otras fuentes, y la cantidad de médicos que abandonan Venezuela (en número creciente además), extraoficialmente pasa de los 2000. Por supuesto ninguno de estos datos debe ser exacto, siempre que por un lado hay intereses políticos que cubrir, y por otro se hace imposible contabilizar las evasiones clandestinas. Sabemos que son muchos, pero la cifra quedará probablemente en un misterio, como nadie será jamás capaz de saber el número exacto de los balseros que han muerto escapando de la isla. Sólo tenemos la certeza de que es un número escalofriante.