lunes, mayo 18, 2009

Cuando se vuelva a ir la luz, mi negra

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Ya a las alturas del 2002, en Valencia, España, Frank Delgado retomaba el antológico tema El blues del Apagón, y decía: “Esta canción que les voy a cantar (…) ya las circunstancias en que la hice no se dan, pero igual la gente me la sigue pidiendo…”

Por aquella época parecía despejarse el fatídico presagio de los atávicos apagones cubanos. Se espaciaban razonablemente los cortes eléctricos y para cuando Frank cantaba a los valencianos de Bétera, el dantesco verano del 94 lucía ya un tanto lejano y romántico para los moradores de la isla.

Pero como las cosas con nosotros nunca son tan simples, bastó apenas un par de años para que retornase la maldición. La rotura de la termoeléctrica Guiteras nos volvió a sacar de paso y el fantasma del período especial se paseaba una vez más por el archipiélago con saña inmarcesible. Desde entonces cada verano nacional es un proemio al miedo más visceral del ser humano: el miedo a la oscuridad.

Ahora ya está muy cerca el estío 2009, y aún a pesar de los recurrentes alivios del viaducto Maracaibo, acaba de salir la nota de nuestros gobernantes criticando el gasto excesivo de electricidad en el país, llamando a hacer economías, a vivir con mayor austeridad, y especialmente, al “aterrizaje” (sic) de los compatriotas que aún “no aprecian la gravedad de lo que está sucediendo en el mundo”.

Para quien ya aprendió, a fuerza de costumbre, a predecir el futuro próximo a partir de notas oficiales como esta, no va a resultar extraño que julio y agosto vuelvan a ser para Cuba un averno más de calor y tinieblas. Nuevamente las culpas van a recaer en la falta de ahorro de la población, no en la ineptitud de los dirigentes para conducir un país, y por enésima ocasión el verano isleño llegará con larguísimas noches en vela, con los vecinos jugando dominó en la acera, debajo del farol de la esquina, cabeceando en los portales o abanicando al bebé con una vieja revista Bohemia.

Jamás olvidaré como, en enero del 2006, el máximo líder anunció, en solemne acto televisado desde Pinar del Río, que los apagones habían terminado de una vez y para siempre, que se avecinaba una revolución energética y que el viejo esquema de las plantas termoeléctricas sería reemplazado por pequeñas plantas de diesel o fuel oil sincronizadas regionalmente, y con la construcción de convertidoras de gas asociado con el petróleo. Fiat Lux.

Apenas alcanzo a meditar en la persistente recurrencia de la historia, en los caminos en círculo y como, en los albores del socialismo cubano, el jefe supremo prometió que los experimentos genéticos con el ganado vacuno llevarían a una producción de lácteos más poderosa que la de Holanda, y que la leche saldría “por tuberías”.

Julio Vázquez, viceministro de Economía y Planificación, dijo este fin de semana que ya existe "un plan de horarios programado" para los eventuales cortes de electricidad. No resulta nada nuevo para nosotros, salvo la confirmación de que el blues de Frank Delgado gozará de excelente salud por mucho tiempo más en nuestra historia patria.


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El blues del apagón, ya vuelto a confirmar en su perpetua vigencia, junio del 2005, en el teatro Amadeo Roldán.

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