domingo, junio 05, 2011

Pancartas por ABC.

Hace ya dos años de aquella conmoción que devastó a Hermosillo y al mundo. El incendio incomprensible de la guardería ABC, que terminó con 49 niños fallecidos y otro montón con secuelas de por vida, pica y se extiende. Aún los principales culpables están sueltos y el Movimiento 5 de Junio crece cada vez más, con marchas destinadas a manifestar el descontento de tanta gente con el lento y selectivo proceso judicial.
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Compartí con los hermosillenses el dolor de aquellos días, y dos años después todavía se me hace un nudo en la garganta al recordar la manera tan altruista con la que estos ciudadanos afrontaron la desgracia.
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Más aún, les admiro la coherencia de sus demandas, las marchas multitudinarias, espontáneas, y les envidio la suerte que, en medio del infortunio, tienen de poder salir a la calle y exigir la cárcel para unos cuantos políticos y poderosos que, aún cuando ha pasado el tiempo, siguen eludiendo a la justicia a golpe de influencias.

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Mis hermanos de Hermosillo tienen una herida que por el momento no tiene cura, colocaron 49 cruces de madera delante de la Universidad de Sonora y otras tantas frente al palacio del gobernador, y ya convocaron a la marcha este 5 de junio, para juntarse y agitar carteles, tocar tambores y decir a quien quiera escuchar que una monstruosidad como aquella no puede pasar sin que los responsables den la cara. Le cantan las cuarenta al gobernador del estado y al presidente de la república por no acabar de una vez con este asunto, y a la prensa no le queda más remedio que hacer eco de las protestas.
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México no es un paraíso de justicia social, tiene fisuras enormes en la seguridad ciudadana y en el control del crimen organizado, pero al menos sus habitantes tienen el derecho de pintar carteles y reclamar por lo que no les gusta. Si al final los culpables de que la guardería ABC (los implicados en que aquellos niños no tuviesen las condiciones necesarias para evitar el tenebroso accidente) no reciben el merecido castigo, al menos los mexicanos tienen la prerrogativa de reunirse, marchar y gritar bien alto sus demandas.
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Nuestros niños asesinados, los niños muertos en el remolcador 13 de marzo, en julio del 94, luego de casi 17 años no sólo no han recibido justicia sino que los culpables caminan tranquilos por La Habana creyéndose héroes. Y ni hablar de desfilar con pancartas para pedir la cárcel de los culpables superiores, si por sólo tirar unas octavillas en la calle hace apenas unos días condenaron hasta cinco años a varios opositores.
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Cuando menos, los pequeñines del ABC tienen a un mar de gente que puede reclamar por ellos de viva voz. Dios los bendiga, chiquitos.
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