viernes, septiembre 03, 2010

Ardiendo el profeta de la aurora.

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Hace apenas días otorgó una amplia entrevista al diario La Jornada donde, ya no conforme con jugar a las premoniciones apocalípticas al estilo Nostradamus, terminó por afirmar “Llegué a estar muerto, pero resucité”, con lo cual ya se cumplimenta su auto evangelio, aquel que comenzó con los doce apóstoles que sobrevivieron al desembarco del Granma y se glorificó aún más con su figura redentora inaugurando la nueva Habana revolucionaria con una paloma posada en el hombro.

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Nuestro Mesías ya volvió de entre los muertos, pero, para tener su correcta ascensión, todavía necesitaba sermonear al pueblo de Judea. Hoy ordenó que llevaran a miles de estudiantes universitarios, en el último día de las vacaciones, a la escalinata del Alma Mater, y allí estaban los muchachos desde la madrugada, esperando por el discurso que sería ofrecido por el profeta al amanecer. Tempranito para que el sol no afectase demasiado a su ya resentida masa encefálica. Allí los universitarios se dispararon 45 minutos sin una palabra de la crisis cubana, sólo, una vez más, el terrible vaticinio de la inevitable guerra nuclear que nos va a hacer desaparecer a todos en cualquier momento.

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No sabemos qué cosa en concreto podrían resolver los estudiantes de la universidad para evitar el supuesto desastre nuclear. Los avisos y advertencias dentro de la isla no significan nada. Como siempre, el discurso del comandante no estaba concebido para sus escuchadores más directos, sino para la opinión pública internacional, para los adoradores que aún creen en su coherencia, para los noticieros y para los ilusos que acaso podrían decir mañana: “Gracias a las advertencias del comandante se evitó una guerra nuclear”. Eso sí, su presencia visionaria, al amanecer, materializó aquellas palabras guevarianas que alguna vez lo catalogaron, en un poema muy malo, como “ardiente profeta de la aurora”.

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Luego de cuatro años sin un buen discurso popular, finalmente el marchito nazareno verdeolivo tuvo su momento trascendental en el púlpito de la escalinata universitaria. La nueva generación ya necesitaba su dosis de miedo a las bombas, esa neurosis ya rebasada, pero que tanto nos inyectaron a los jovencitos de antaño. Cualquier cosa menos pensar en las ruinas de la nación cubana.

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Para cuando pase la alarma de apocalipsis, ya debe estar planeando nuestro sibilino mayor su nuevo sermón a los pies del dios Martí, su padre, en la histórica Plaza de la Revolución.

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4 comentarios:

Lamanga dijo...

el casco y la mala idea, tratando de justificar la campaña que tiene formada, medio escondida, por su Nobel de la Paz...ya veras.
saludos

Rodrigo Kuang dijo...

No me extrañaría en absoluto, Margarita. Ellos no dejan de imaginar cosas y autoconvencerse de que, en verdad, son el mojón que descarrila trenes. Lo que sí no me atrevería a asegurar es que semejante estrategia tenga consecuencias internacionales. El mundo sigue ajeno a esta hecatombe cinematógráfica y aunque todavía quedan potentes filas guevarianas por ahí, no creo que a la postre se dejen llevar por los delirios del viejito megalómano.

Robe dijo...

A veces no quiero ni comentar porque me parece redundante las locuras del viejo criminal. Según parece pretende seguir el estilo de agitador político y tergiversador de la informacion que lo ha caracterizado siempre. solo espero que no le dure mucho la recien encontrada energía.

Regina dijo...

muchas gracias por tu comentario en el posteo de Padura, me siento rara de poder navegar aunque sea en un bote de remos por el mar de la red, un saludo de regina la que tiene mala letra.