miércoles, junio 23, 2010

Pedro Campos o la oposición amable.

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En la práctica, tanto el Movimiento Cristiano Liberación, el Partido Socialdemócrata de Cuba, las Damas de Blanco y hasta el Socialismo Participativo y Democrático son, con todas sus diferencias, parte de una oposición declarada al actual gobierno de los Castro. Puede que Pedro Campos, ideólogo principal del SPD, no lo vea de esa manera, que incluso todavía siga situando al “enemigo imperialista” como la ineluctable fuerza al acecho, y a los disidentes como una bola de anexionistas, pero sus postulados, en rigor, son los mismos del resto: el cambio, la evolución, el destrabe del estatismo gubernamental.
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Puede que Campos no se identifique a sí mismo como opositor, que afirme querer cambios dentro del esquema socialista sin que ello implique el derrocamiento del actual gobierno, pero simplemente al decir: (…) Tampoco han sido aprobados (supuestos planes quinquenales hasta el 2015) ni por un Congreso del Partido, ni, que se sepa, por la Asamblea Nacional del Poder Popular. No se trata simplemente de consultar al pueblo. Su soberanía reside en ser el que tome las decisiones, ejerza el poder real…, está aceptando y declarando que los gobernantes hacen lo que les da la gana con el ejercicio del poder, que toman decisiones sin consultar con nadie, que hacerlo es totalmente antidemocrático y que de perdurar, sólo conduciría a la destrucción total del país.

Pedro Campos es un pensador inteligente, un hombre con ideas cuerdas que confía en la salvación del socialismo, y también confía (¡!) en que alguna vez será escuchado por los dictadores. Su discurso teórico, que en la isla viene siendo un oasis para muchos, marca sus fronteras con aquellos que proponen, según sus palabras, una vía de resolver, a como dé lugar, en poco tiempo, las carencias materiales acumuladas, (que) nos podría llevar a terminar en los brazos del Tío Sam, a donde nos quiere conducir la “transición democrática” de la oposición anexionista…, pero en esencia, aunque la emprenda contra quienes ya no creen que en Cuba exista algo siquiera parecido al socialismo, factible de ser “salvado” como tal, aunque meta en un saco de supuesta actitud lacayuna pro yanqui a todos los que quieren fuera del poder al Partido Comunista, sus reclamos son virtualmente los mismos que hace, por ejemplo, el Movimiento Cristiano de Liberación que encabeza Oswaldo Payá, y él mismo, como figura política, se encuentra tan censurado y alejado de los medios como Vladimiro Roca o Elizardo Sánchez.


Tengo mis dudas si sus llamados a la cordura, sus sugerencias de que los Castro abandonen el “sectarismo dogmático predominante en las esferas de la dirección del partido y el gobierno”, esperan una respuesta real, o si sólo forman parte de una plataforma ideológica que su partido o movimiento (ilegal como los otros) está en el deber de proclamar. No creo que sea tan incauto de ignorar que los gobernantes actuales jamás van a ceder un milímetro en sus intransigencias, que no habrá nada, por razonable que sea, por coherente con el marxismo que sea, que pueda alejarlos de aquello que llevan medio siglo amasando morbosamente.


Se socializa y democratiza el sistema o se derrumba”, ha escrito Pedro Campos recientemente, y no puedo imaginar cómo supone una socialización o democratización cubana sin la desaparición física de los dictadores o la caída del sistema totalitario, ese que se tapa los oídos, cierra los ojos y se pone a cantar alto cuando alguien le sugiere el más leve de los cambios. Pero aún cuando su postura, ya sea por ingenuidad (que no me la trago en alguien que razona de manera tan clara), o por empecinamiento ideológico (¿no es acaso sectarismo – ese defecto que tanto critica a los gobernantes – lo que él mismo sostiene con los demás opositores?), se mantenga en el domino de lo que llama muy elegantemente “el dentro-contradictorio”, su actitud, y la de sus correligionarios del SPD, no puede tener otro nombre sino el de oposición. Quizás una oposición amable, una oposición complaciente, pero de cualquier manera una oposición frontal, en tanto los presupuestos actuales del gobernante PCC ya hace mucho tiempo perdieron el contacto con las raíces marxistas que los izquierdistas extremos siguen reclamándole.


La aparente trinchera común (esa que sostiene el cliché de la verticalidad hacia los imperialistas y anexionistas), pierde sentido cuando estos socialistas de manifiesto creen seguir siendo hermanos de lucha de los falsos socialistas que dirigen al estado cubano. Por mucho que Pedro Campos evite decirlo, por convicción o prudencia (de alguna manera alguien que se autodenomina “socialista” puede ser menos vulnerable a la prisión que aquellos que piden la economía de mercado, o al menos eso deben esperar ellos), su postura es, per se, insubordinada y sediciosa, tan odiada y vituperada por los dictadores como las otras posturas, más radicales, del resto de la oposición. Es más, estoy seguro de que los Castro ven a Pedro Campos y compañía como una caterva de traidores revisionistas, como alimañas vendidas al imperialismo que se agazapan, disfrazados de marxistas, esperando el momento de saltar y declarar una terrorífica Perestroika tropical. Seguramente los considera menos dignos aún de compasión que los opositores confesos.


Para quienes creemos en un futuro cubano de democracia e independencia, un futuro que cuente con todos, para el bien de todos, de ser posible con la conservación de los aspectos más rescatables de lo que alguna vez fue la “revolución cubana”, posiciones como estas no tienen que resultar necesariamente antagónicas. Lo que hoy es la oposición, con escisiones, divergencias, celos y con quienes incluso no admiten ser parte de ella, mañana podría ser el espectro político que pueble nuestra futura versión de democracia, probablemente imperfecta, pero con seguridad mucho mejor que el engendro totalitario que hoy decide todo en la siempre fiel isla de Cuba.


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3 comentarios:

angel collado ruiz dijo...

muy interesante articulo, y muy certero, Pedro campos juega un juego sutil , sin dejar de ser inteligente, pero equivocado , he tenido oportunidad de intercambiar puntos con él, y creo que el momento critico al que hace mención quedo atrás, hoy el país, no quiere saber nada de socialismo, un saludo desde San Luis.

Anónimo dijo...

Muy buen artículo. Igual creo que Campos es un excelente teórico y que otros como él, como Narciso Isa Conde, tienen buenas intenciones y se arriesgan a su manera dentro del país, porque también han tenido sus represalias, aunque nunca tan duras como a los demás opositores. Pero concuerdo en que andan desfasados y soñando con peces de colores, o que, como dice el comentarista anterior, tienen un juego sutil que nadie sabe todavía por donde viene en verdad. ¿O es que son parte de la estrategia para aparentar que hay diversidad de opiniones entre "revolucionarios"?
saludos
Héctor.

Anónimo dijo...

a mi me parece que ellos se dicen que estan dentro del socialismo para que no le enfilen los cañones, porque igual le tiran con el rayo a la dictadura.