sábado, enero 15, 2011

Para comer león.

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Desde hace años en la costa caribeña de México existen serias preocupaciones por la imparable expansión del pez león. Este bello pero mortal espécimen ya tiene reportes fatales en países como Panamá, Venezuela o Dominicana, y en México al parecer los sitios más afectados han sido Yucatán y Quintana Roo, con riesgo especial para áreas turísticas tan visitadas como la Riviera Maya. Es este un pez muy usado como mascota en acuarios públicos y privados, pero cuyo veneno puede llegar a matar a un ser humano, y ni hablar de sus potencialidades como depredador: puede devorar a peces casi de su mismo tamaño y cuanta cosa viva pase por su lado, incluyendo a los de su propia especie.

La situación con este bicho parece haber salido de una película americana: seis peces león rojos del Pacífico (pterois volitans), escaparon de un acuario en Bahía Bizcayne, Florida, aprovechando los destrozos del huracán Andrew en agosto de 1992, A partir de ese momento, una criatura como esa, que de tan veloz reproducción debieron llamarle “pez conejo” o “pez curiel”, no tardó en diseminarse por el Caribe, en lo que probablemente sea el comienzo de un desastre ecológico sin precedentes, en tanto el pez león, originalmente emplazado entre el Pacífico Sur y el Índico, no tiene enemigos naturales en el Caribe, a no ser… los cubanos.

No es la primera vez que en los países con costas al Caribe se ha manejado la posibilidad de comerse al pez león para tratar de contener la fatal avalancha de su poder destructivo, pero hasta el momento la iniciativa sólo ha tenido consecuencias oficiales en Cuba, una nación hambreada donde peores ocurrencias se han visto – por sólo citar una, reciente, la hemorragia de las clarias, pez capaz de arrastrarse por tierra durante varios días y que acaba hasta con los pollos – y donde no se pueden dejar a un lado las fuentes alternativas de alimentación sin antes echar la pelea.

Puede que el pez león sea comestible, pero el muy pendenciero no se deja atrapar sin ofrecer antes una buena defensa con toxinas mortales. Aparentemente la potencia de su veneno desaparece media hora después de muerto, pero la mesa regular de los cubanos debería contar con bocados menos peligrosos como... el camarón, la langosta o el pargo. Si el pez león está acabando con ellos con más fuerza que el turismo y las exportaciones, si los cubanos rara vez se topan ya con mariscos y peces reales, algo podrían hacer las autoridades al respecto, no sólo promocionar el fino manjar como si se tratara de un tesoro alimentario que nos ha regalado la providencia. Podrían poner a las Brigadas de Respuesta Rápida a exterminar peces león en lugar de mandarlos a gritar frente a las casas de los opositores, o dedicar a su captura los mismos recursos que se malgastan en publicidad mundial por la liberación de los cinco espías.

A fin de cuentas, el pobre pez león, una criatura que no tiene responsabilidad alguna respecto a su comportamiento, no va a afectar tanto a la canasta básica del cubano medio como sí lo han hecho otros especímenes durante más de cincuenta años, totalmente conscientes de lo que hacían.

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El bello y peligroso pez león.

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