jueves, abril 23, 2009

Memorias del Subdesarrollo IV. Pueblo bicicletal.

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Cuando Virgilio Piñera escribió su cuento Concilio y Discurso todavía la Revolución del 59 estaba lejos. No obstante, siendo el profeta que era – adelantado a su época como cuando escribió Falsa Alarma con dos años de anticipación al Teatro del Absurdo europeo, o una novela posmoderna como La Carne de René apenas en los cincuenta – alcanzó a visualizar y describir, con erizante precisión, el futuro diluvio de bicicletas en Cuba, mediante un “pueblo bicicletal” que pedaleaba formando una masa de bicicleteros a la que el protagonista se sumaba, luego de haber recibido invitación expresa del Papa.

También Virgilio en aquel cuento hablaba de dos potencias que dominaban al mundo, con nombres tan parecidos como OPEPAF y OPIFAF, y que aún siendo antagónicas entre sí, tanto se parecían que terminaron fundiéndose en una sola fuerza de poder mundial. Rara coincidencia que justo cuando, años después de la muerte del dramaturgo mayor, las dos potencias que dominaban al mundo también terminaron fusionándose, dejando tras de sí a unos cuantos alemanes derribando un muro, y varios millones de cubanos metidos de lleno en el arte de la velocipedia.

Usé por mucho tiempo una bicicleta rusa, aquella azul que me vendieron muy barata en el Instituto, un poco antes de que arribara a la isla el primer contenedor con las Forever asiáticas. En mi chivo celeste recorría la ciudad a diario, y pedaleaba distancias que hoy sólo de pensarlo me crispo.

Sabina cuenta en una canción sobre La Habana: “…y en cada bicicleta caben tres”, algo que seguramente presenció con el asombro real maravilloso de quienes llegaban a la ciudad desnutrida de los noventa y retornaban alucinados a contar cómo los cubanos sobrevivían con siete huevos al mes. Quizás no alcanzó a ver como, en algunas ocasiones, podían caber hasta seis personas, entre niños y adultos cuidadosamente distribuidos, en una 28 china.

El pueblo bicicletal surgió por obra y gracia de la crisis. La ciudad recibió a los nuevos donantes de órganos vitales, los millones de choferes inexpertos que cada día entregaban sacrificios humanos a las ruedas de guaguas y camiones.

Un mismo día de enero, cierto vecino de mi barrio fue arrastrado media cuadra por el panel de una corporación, dejándole el rostro irreconocible, y un amigo del ISA fue llevado a la estación por presunto asalto de banco. Mi vecino subía la extenuante loma de la avenida 41 cuando la van surgió de la nada, a exceso de velocidad, y lo desmembró en pocos segundos. Mi amigo del ISA estudiaba canto, y preservaba sus cuerdas vocales en la fresca mañana invernal, viajando en su bicicleta con la cara y cuello cubiertos por un pasamontañas. Los dos policías de un patrullero lo detuvieron, esposaron y condujeron a la estación, convencidos de que algún banco por los alrededores había sido asaltado por el enmascarado, ese jovencito habanero que, ingeniosamente, habría usado como vehículo de escape a su veloz Forever Bicycle.

El maestro Piñera, con toda seguridad, sonreía desde las alturas.

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Aprieta el c... y dale a los pedales
Óleo sobre lienzo de Blanco Lozano.

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