viernes, febrero 17, 2012

I am Sean.

Resulta curioso como el personaje Sam Dawson, de la película I am Sam (Dirigida por Jessie Nelson en 2001), parece hoy mucho más lúcido y coherente que el propio actor que lo interpretó, Sean Penn, ese que fue nominado al Oscar por su emotiva interpretación del tierno retrasado mental que luchaba por la custodia de su pequeña hija, Dakota Fanning. Sean Penn ha escogido luchar por la custodia de Hugo Chávez, y con ello demostrarle al mundo que su cerebro funciona con mayor dificultad que el de su personaje, y que no sólo estaría en apuros para vender hamburguesas, sino también para darse cuenta de que su protegido, lejos de ser un paladín de la justicia, luego del descabellado entrenamiento estalinista que ha recibido por parte del gobierno cubano en los últimos años, ha acrecentado su imagen alucinada con manías de grandeza, épicas contorsiones a partir de su encriptada enfermedad, y más recientemente, un vocabulario muy poco caballeroso (por llamarlo de alguna manera) a la hora de dirigirse a la creciente oposición.

“Mi amigo Sean Penn”, así cataloga Chávez al actor, con mucho orgullo, y cita vagamente una película suya, catalogándola como “muy divertida, muy buena esa comedia”, refiriendo que se trataba de una historia donde Penn “es guitarrista y tiene una novia muda” – sin tener la más mínima noción de que Acordes y Desacuerdos fue dirigida por Woody Allen, y que sólo por ello merecería un comentario público algo más sofisticado que “muy buena esa comedia” – mientras ataca a su contrincante de la oposición, Henrique Capriles, llamándolo “majunche” (insulto que en Venezuela significa algo así como “buena mierda”), además de que “tienes rabo de cochino, roncas como cochino, entonces eres cochino”...

Tener como amigo a un dictador platanero que – otra vez siguiendo el ejemplo cubano – no gusta de asimilar las opiniones contrarias, ya sería suficiente para este actor, virtualmente retrasado (y con ello espero no ofender a esos seres humanos, generalmente sensibles y puros, que son las personas con capacidades disminuidas), si no fuese porque ha tenido la brillante idea de pedirle a Hugo Chávez que cante (!!!) en un concierto benéfico que está organizando en los Estados Unidos para ayudar a los damnificados de Haití.

Sam Dawson, sin duda alguna, estaba mucho más sano cuando trataba de aprenderse el menú de las hamburguesas, que Sean Penn al tratar de colocar a Hugo Chávez Frías en el elenco de un espectáculo musical.

Sinceramente, y teniendo en cuenta que su amistad también es intensa con los gobernantes cubanos, espero de todo corazón que, al pasar por La Habana no se le ocurra invitar a Raúl Castro para que acompañe a Chávez, bailando o tocando las maracas, en el ya mencionado concierto por las víctimas del terremoto en Haití.
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