miércoles, enero 18, 2012

Nadie se acuerda de la Ley CALDOSA.

El mundo entero anda revuelto con la posibilidad de aprobación de la Ley SOPA (Stop Online Piracy Act), y aunque el propio gobierno norteamericano se ha pronunciado en contra de ella, los antecedentes no resultan muy esperanzadores: España ha aprobado la Ley Sinde (un producto de limitación similar para las páginas con links de descarga gratuitos), que a partir de marzo entrará a fastidiar a millones de internautas no sólo en la península sino en cualquier parte del mundo donde la gente busque acceder a sus enlaces.

Por alguna razón, desconozco que haya movimientos globales para que Cuba elimine la vieja Ley CALDOSA, existente desde la aparición misma de Internet, y que, tal y como indican sus siglas en dialecto cubiche, ha sido una “Censura Amplia Limitando Duro Otros Sitios de Afuera”… Como cada ley cubana actual, su aplicación desde las altas esferas no ha tenido nada que ver con decisiones populares, y aunque difiere de la Ley SOPA en que no impide la descarga de archivos – la velocidad de navegación es tan mala que hace prácticamente imposible bajar un simple videíto de YouTube – sí es estricta en cuanto a la visualización de páginas consideradas “enemigas”, aunque por regla general se ahorra hasta la necesidad de bloquear contenidos “peligrosos”, usando el simple recurso de la no proliferación de Internet dentro de la isla. Así de sencillo: en la actualidad no llega ni al 3% la cantidad de cubanos que puede conectarse a Internet, muy pocos desde sus casas y casi todos de manera esporádica.

Nuestra Ley CALDOSA ha generado una burbuja nacional en la que los derechos de autor no son tan importantes como los derechos del poder. Haber creado una Intranet exclusiva para los ordenadores cubanos, con algunos soportes de correo electrónico (cubarte, infomed…) con ancho de banda paupérrimo y permanentemente monitoreados, así como las criollas EcuRed (versión ideologizada de Wikipedia) y Redsocial (un plagio mongo de Facebook inaccesible desde el exterior), garantiza la censura total a cada movimiento en redes informáticas, sin necesidad de establecer reglas especiales para el control de los derechos de autor. De cualquier manera Cuba, con la justificación del embargo, participa de la piratería de forma institucionalizada.

Ahora que el mundo protesta en contra de la limitación aviesa del libre tránsito por Internet, proyecto lanzado por el republicano cara de insatisfecho sexual Lamar S. Smith, no está de más recordar nuestro propio contexto, el cubano, y como hemos vivido desde siempre en el desagrado de tener que tomar SOPA en lugar de algo más consistente.

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