jueves, mayo 26, 2011

La campaña del senador Pinga.

Un senador ha llegado a Rhode Island para ejercer presiones políticas como se debe hacer en las islas pequeñas. Aunque Rhode Island no es en verdad una isla, sí es el más pequeño de los estados americanos. Rebelde por excelencia, fue la primera de las Trece Colonias en liberarse del dominio británico. Aunque también fue la última en ratificar la Constitución de los Estados Unidos, que así son las islas cuando de demorar la democracia se trata.
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El aspirante a senador Michael Pinga, hijo de Joseph Pinga, encabeza hoy la bella familia Pinga con la cual refuerza la imagen de su campaña en Rhode Island. Sus dos bellas hijas, Nicole Pinga y Michaella Pinga (esta última, Pinga dulce), se han unido a la campaña junto a la señora Pinga y su madre, Anna Pinga, quien según todas las personas que la conocen, es "tremenda Pinga".
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El controversial lema "Pinga on a Roll", ha sentado pautas con su estilo, un tanto agresivo, de promover una imagen electoral.
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El señor Pinga es miembro de la operación “Clean Government”, de la Asociación Nacional del Rifle (por supuesto, ¿qué Pinga que se respete no pertenecería a esta asociación?), la Rhode Island Common Cause y la Rhode Island Statewide Coalition, esta última una coalición hecha a la medida de un Pinga. Cualquier hecho de corrupción es seguido de cerca por este político, llamado "vigilant of our government", y cada uno de esos casos es suyo, o como se dice en el senado, es "de Pinga el caso". A no ser que se trate de asuntos de la infancia, ocasión en la que suele afirmarse que "esto es de Pinga, queridos amiguitos"...
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Aunque ya en la isla de Cuba tuvimos a un famoso general, conocido en todo el ejército como Tato Cojones (quien, según cuentan, se pasaba el día con los cojones en la boca), la aparición de Michael Pinga en el mapa político de Rhode Island supera cualquier expectativa en los parámetros de una futura república cubana. Es decir, en Cuba, como en Rhode Island, manda Pinga.
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Y si tuviésemos que buscar un modelo de democracia, ya sabemos que no hay que buscar en China, Venezuela, España o Suecia. Rhode Island es la respuesta. Sólo allí puede triunfar un senador en cuya victoria electoral todo el pueblo pueda corear a grito pelado: “¡Pinga, Pinga, Pinga...!"
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lunes, mayo 16, 2011

Bailando con Celia Cruz, oyendo a Silvio y Pablito.

Anoche llegó otro buen pedazo de Cuba al Está Cabral de Hermosillo. Frank Delgado, más que cualquier otro trovador, aglutina porciones de la isla y las combina en una materia multicultural que se puede mezclar con la comida y la bebida de cualquier parte. Algunos de los cubanos presentes pudimos asombrarnos con el cálido entendimiento del resto, mexicanos que en su mayoría eran capaces de hacer coro a muchos temas conocidos, El blues del apagón, Utopía, La otra orilla, o pedir algunos tan insólitamente contextuales como Río Quibú.
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Fran Delgado, con su guitarra, su gorra y su excéntrica camiseta con los íconos mezclados del Che y Maradona, pasó por esta ciudad para sembrar un poco más de acento habanero en la noche del desierto. No importa que haya nacido en Consolación del Sur, Pinar del Río, y que insista en el desatinado gentilicio de “consolador” por encima del “consoleño” oficial, Frank Delgado es un engrudo musical fabricado en La Habana, desbordado de anécdotas habaneras y con la visión más habanera posible de Santiago de Cuba, Tanzania o Buenos Aires.
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“Los trovadores viejos hablamos más de lo que cantamos”, decía mientras combinaba la “muela” con muchos de aquellos temas que tantas veces nos tocó disfrutar en espacios cubanos, años atrás, lo mismo en un teatro desbordado que en la sala de una casa, entre amigos comunes. Frank siempre era el mismo Frank, sin máscaras y sin pelos en la lengua.
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Aquel disco grabado en la Casa de las Américas en tiempos de la más grosera crisis económica, para muchos significó un respiro en las ansias de libre expresión. La crítica social implícita venía enmarcada en la profundidad del verso, en una sabiduría callejera que alcanzaba a decir las cosas que tanto necesitábamos oír en público.
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Sin haber sido jamás disidente, Frank ha sorteado con fineza y honestidad ese borde cortante de la opinión diferente y la deuda con las utopías. Ahí están sus dos versiones sobre la imagen del Che Guevara, Con la adarga al brazo y Si el Che viviera, que si bien en la primera se lo coloca como resguardo en su cartera, en la segunda, “entrevistando a su corazón y dejándolo en penumbras duraderas”, deja la posibilidad de que a estas alturas el ícono guerrillero fuese “un ornamento sin talento / un represor del sentimiento / una escoria que viviendo de su historia inmoviliza las ideas…"
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Pero más allá de las etiquetas, baste el cálido reencuentro con este pedazo de Cuba en un restaurante trovero de Hermosillo, para recuperar varios años de ausencia, varios años de vivir sin el acento habanero por todas partes, como el agua en La isla en peso de Piñera.
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Basten un par de horas escuchando a Frank Delgado para que funcione la máquina del tiempo y las aduanas pierdan su maléfico hechizo. Los cubanos tenemos mucho más que dos orillas, y por más que a algunos todavía les moleste, muchos persistiremos en seguir bailando con Celia Cruz y oyendo a Silvio y Pablito.
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domingo, mayo 08, 2011

Dos versiones sobre la muerte del disidente Juan Wilfredo Soto García.

Versión opositora: El pasado jueves el disidente Juan Wilfredo Soto García estaba sentado en el parque Vidal, de Santa Clara, y unos policías lo conminaron a irse de allí. Cuando Soto García se negó, le propinaron una golpiza tan brutal que el opositor acabó en la sala de cuidados intensivos del hospital. La causa de la muerte fue un paro respiratorio y pancreatitis ocasionada por los golpes.
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Versión oficial: Las calles y los parques son de Fidel. El delincuente y mercenario Juan Wilfredo Soto García estaba sentado indebidamente en un parque revolucionario y cuando recibió el amable llamado de atención de uno de los diez guardianes del orden que fueron a sacarlo de allí por la fuerza, se negó a marcharse y no conforme con ello, con intención provocadora comenzó a golpear a los puños de los policías con su cabeza y a las tonfas policiales con la zona de sus costillas y riñones. También atacó con sus testículos a las botas de los indefensos policías. No obstante el criminal contrarrevolucionario, quien padecía de innumerables enfermedades, todas en fase terminal y que de todas maneras ya se iba a morir en cualquier momento, tuvo la idea malintencionada de fallecer horas después en un hospital revolucionario, para culpar a la revolución y ayudar así a la injusta campaña mediática en contra de nuestro modelo socialista. La autopsia oficial, redactada en el Municipio del Partido santaclareño y firmada por un doctor respetable, el coronel Gerardo Batista, demuestra que el apátrida no murió de golpiza alguna, sino producto de una falla renal, o sea, por los riñones desprendidos casualmente cuando desobedecía a las autoridades. Soto García tiene un largo expediente criminal, que comenzó en la adolescencia, cuando rompió de un pelotazo la ventana del director de su secundaria.
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viernes, mayo 06, 2011

El ocaso del humor revolucionario.

El chiste revolucionario tuvo también sus tiempos de esplendor. Descontando al Loquito de Nuez y El Bobo de Abela, ya sublimizados en exceso y debidamente encorsetados en la “crítica al pasado”, nadie puede decir que la Supertiñosa de Virgilio fuese un desacierto en la historia del comic y el humor cubano. Virgilio Martínez podía conciliar el contexto épico de una revolución utópica con buenos chistes, casi siempre en plan satírico.
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Pero con la lenta decadencia del proceso castrista, también se fue apagando la riqueza de aquel humor gráfico de contenido político. Mientras se solidificaba el culto a la personalidad de los líderes, también se iban achicando las áreas de sátira social, y en tanto quedaba prohibido siquiera usar la imagen del comandante para caricaturas – aún cuando estas exaltasen su grandeza, como en el caso de la famosa caricatura de Ajubel, mediados los ochenta, cuya publicación en el Dedeté fue arduamente debatida – se concertaba como objeto principal de burla, al imperialismo yanqui y sus aliados, con alguna que otra pincelada a la burocracia anónima de producción nacional.
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El semanario Dedeté de entonces apenas sobrevivió como escuálido suplemento del Juventud Rebelde, y con el recrudecimiento de la crisis que trajo consigo un mayor énfasis en la censura de los grandes medios de comunicación, también se fue deteriorando la gracia del humor político, hasta niveles que hoy ya parecen insuperables.
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Un simple recorrido por las páginas oficiales cubanas, como el Granma digital, puede darnos una idea de la escasa imaginación, la poca gracia, y sobre todo, la obvia inducción ideológica que sufren estos caricaturistas que aún hoy siguen apoyando al régimen.
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Luego de cincuenta y pico de años aún no aprendieron los malhumorados dirigentes que si algo detesta el cubano es eso, que le sustituyan un buen chiste con un pujo malo, ignorando la regla sagrada de que el cubano aguanta cualquier cosa menos la pesadez.
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Y es que la sátira en sí misma depende de esa correlación inevitable entre Oprimido y Poder. Por ello, luego de medio siglo es normal que haya mermado la riqueza de burlas hacia el imperialismo – entendiendo, en la correlación, a los Estados Unidos como el Poder, y a la pequeña isla de Cuba como el Oprimido – y que la producción de caricaturas oficiales cubanas tienda a la aberración (como ejemplo la caricatura del doblemente fallecido Tomy, que ridiculiza a Fariñas, un solitario activista, huelguista de hambre en aquel momento) de invertir los polos del choteo, y que el Poder entonces se burle del Oprimido.
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Jodedores al rescate.
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Para restablecer este equilibrio tan necesario al espíritu nacional, aparece ya en pleno siglo XXI un grupo de humoristas gráficos cubanos que poco a poco ha ido recuperando el verdadero sentido de la sátira política, es decir, la ecuación del choteo que parte del Oprimido y tiene como foco principal al Poder. Al no existir condiciones en la isla para publicar libremente con semejante modo de expresión, estos relevos de El Sable y el Dedeté se han refugiado en las publicaciones digitales cubanas en el exterior. Omar Santana, Garrincha, Alén Lauzán, y Pong, entre otros, han venido a rellenar un espacio en la cultura gráfica cubana gracias a las nuevas tecnologías informáticas, y consiguiendo que aún sea posible que el Oprimido se mofe del Poder, tal y como Dios manda.

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La Supertiñosa, de Virgilio, un chucho bien hecho a Superman en épocas de fe.



Chiste político reciente del Granma. No sólo apoya una causa dudosa, sino que pasa de pujón.



La orientación oficial convierte a este chiste, aparentemente de crítica social, en un reaccionario insulto a la masa trabajadora que está siendo removida de sus puestos. La burla al "vago" busca desviar la atención del verdadero problema.





Está permitida la sátira al pequeño comerciante especulador, siempre que no se toque a las causas directas, ni a los responsables precisos de que los precios estén por las nubes.
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domingo, mayo 01, 2011

Bin Laden se va del aire. Avances de la declaración cubana.

Sorpresivamente nuestro presidente, el general Raúl Castro, se presenta en un programa especial desde el Estudio 10 de la televisión cubana a las once de la noche, hora de La Habana. Tan inesperada intervención, que interrumpe una película musical en el mismo momento en que los protagonistas iban a tener sexo, ha sido provocada, en primer lugar, por la noticia de la muerte de Osama Bin Laden, y en segundo lugar, por encontrarse ya bastante pasado de tragos luego de su regreso de Santiago de Cuba, donde estuvo todo el día festejando el primero de mayo y el apoyo de la masa trabajadora cubana al millón y medio de despidos que se avecinan.
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Luego de una breve introducción de Randy Alonso, quien mostró imágenes de Libia, con una bolsa de tela en cuyo interior debía estar el hijo de Gadafi, Saif el Arab, como prueba de los bombardeos de la OTAN, el recién elegido Primer Secretario del PCC le quitó el micrófono, le derramó un poco de su trago de vodka en el traje Armani, y dijo estas breves palabras:
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“…El pueblo de Cuba condena esta flagrante intervención del gobierno norteamericano en los asuntos internos de Pakistán… Osama Bin Laden era un héroe amado por su pueblo, los talibanes. (APLAUSOS) Los talibanes, hijos de esa gloriosa nación, Talibania, pueden contar con la solidaridad del pueblo cubano, pues nos unen estrechos lazos de hermandad. El hecho de que Bin Laden pelease alguna vez del lado de los americanos y en contra de los soviéticos en Afganistán, no impide que en la actualidad los talibanes colaboren desinteresadamente con el adiestramiento de nuestra policía política, y en especial de nuestros bloggeros oficialistas. ¡Condenamos enérgicamente esta intervención militar norteamericana en Pakistán, y el uso de fuerza excesiva en contra de la familia de Osama Bin Laden, de sus 54 esposas y sus trescientos veinticuatro hijos, ocho de los cuales se encuentran actualmente estudiando en nuestra Escuela Internacional de Medicina…!"
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La breve intervención de Raúl Castro fue interrumpida por una llamada telefónica del presidente venezolano Hugo Chávez, quien envió un besito para su herrrrmano Gadafi, y se unió a la repulsa por el ataque injustificado de los Estados Unidos a la residencia de los talibanes, que trajo como consecuencia el magnicidio del carismático líder árabe, y cuando el comandante iba a retomar la palabra para apoyar al equipo de Ciego de Ávila en el play-off, recibió una segunda llamada de su hermano mayor, el ex presidente Fidel Castro, quien lo mandó a callar y a que se fuera a dormir, muy molesto porque sin consultarlo había declarado lo mismo que él estaba escribiendo ya para la Reflexión de mañana lunes.
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Momento crucial en la Mesa Redonda de la TV cubana, donde Taladrid entrevista al cadáver de Bin Laden, como prueba irrefutable de la injustificada intervención militar en Pakistán.
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sábado, abril 30, 2011

Meteorología anuncia golpizas.

Con todo y que parece una estrategia para mantener a raya a la oposición en días de renovada retórica, y dado que el propio Raúl Castro aclaró muy bien en su discurso del congreso que no se detendrán las turbas violentas, este reciente rosario de golpizas no es otra cosa que un canto de cisne, un estertor de fiera agonizante que lanza zarpazos ciegos para mantenerse con vida aún cuando ya se sabe sentenciada.
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No puede ser estrategia, no es posible que quieran vender al mundo la imagen de magnanimidad y tolerancia, y que al mismo tiempo sean tan torpes de darle una sonada golpiza a Ángel Moya en Alamar y allanar como criminales la casa de Sara Marta Fonseca en Río Verde.
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Ángel Moya, uno de los pocos del grupo de los 75 que se negó a ser deportado a España y que por ello permaneciese en prisión mucho más tiempo del pactado con la iglesia católica, fue hoy mismo reducido a golpes, patadas en la cabeza incluidas – según relata su esposa y Dama de Blanco Bertha Soler – mientras lo trasladaban por la fuerza a su casa, desde Río Verde, a donde había acudido para solidarizarse con Sara Marta Fonseca.
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Esta última tuvo su allanamiento el pasado 18 de abril. La ilegalidad del asalto (detallada en un video que publicó Hablemos Press) no sólo entra en contradicción con los más elementales derechos humanos, sino con la propia constitución cubana. Las turbas castristas, que en el vídeo de Sara Marta aparecen de la nada, luego de que los oficiales de la seguridad pasasen previamente a amenazar a su familia, ejercen con desenfado una descarada impunidad digna de aquellos tristes años ochenta. No sólo conservan las mismas consignas (“Pin pon fuera, abajo la gusanera”) sino que, confiados en que su proceder es respaldado por las autoridades, atacan sin pudor el espacio privado de los disidentes, un rato antes de que, como era de esperar, terminasen propinando la sádica paliza a aquellos que sólo incurrieron en el delito de manifestarse en contra de la dictadura.
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Se acerca la celebración oficial por el Primero de Mayo, y el desfile de autómatas en el que, supuestamente, los trabajadores cubanos van a respaldar una oxidada reforma económica que, entre otras lindezas, va a dejar cesantes a millón y medio de ellos mismos.
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Un evento como ese requiere de mano dura, así que preparémonos para recibir más noticias de reclusiones domiciliarias, arrestos preventivos y pateaduras de todo tipo. La fiera, herida de muerte, no va a entregarse así como así.
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Del vídeo de Sara Marta Fonseca publicado por Hablemos Press, el momento en que varios cabecillas de la turba saltaban ilegalmente a su jardín.

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Uno de los agresores, golpeando la ventana con una roca.

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Lanzando más piedras, rompiendo la propiedad y burlándose de los disidentes.

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Momento especialmente revelador, uno de los compañeros revolucionarios comienza a abrirse el pantalón, moviéndose lascivamente.

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Esta, y no otra, es la imagen de la represión cubana disfrazada de pueblo.

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miércoles, abril 27, 2011

Cuba y las tostadas con mantequilla.

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Mientras mi madre estuvo de visita de este lado, en el mundo real, una de sus fijaciones era llevarse de regreso a La Habana una tostadora. Hay quien prioriza reproductores de DVD, una laptop, un disco duro externo, o simplemente pacotilla para usar o revender en el mercado subterráneo. Una vez coincidí, en el aeropuerto de Ciudad México, con una bailarina de danza contemporánea que transportaba a Cuba, en la mano y sin perder su esbeltez de virtuosa, una tapa de inodoro… Pero mi madre sólo pensaba en su soñada tostadora.

“Coño vieja, allá no venden el pan lasqueado”, le decía yo. “No importa”, me contestaba. “en la panadería de 51 venden pan de molde. No sabe igual que antes, pero sirve. Yo lo pico con el cuchillo y es lo mismo”...

Mi madre soñaba volver a Cuba y prepararse tostadas con mantequilla en el desayuno, tal y como hizo de este lado mientras estuvo de visita, y como no las había probado desde hacía décadas allá en Marianao. Por eso se compró su tostadora en el supermercado, la guardó con cuidado en una maleta y pasó semanas diciendo: “Esa tostadora es muy ligera. No me llevo un microondas porque pesa mucho y me cobrarían demasiado por exceso de equipaje, pero la tostadora no pesa nada…"
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Ayer cargó con sus maletas de regreso y subió al avión pensando quizás en que, si bien su patria podía seguir precipitándose al abismo, ella estaba dispuesta a sobrevivir si cada día en el desayuno podía comerse unas ricas tostadas con mantequilla. Al llegar a la aduana del aeropuerto José Martí, nadie estaba al tanto de su sueño. Luego de cobrarle por exceso de equipaje – por Aeroméxico viajó bien de peso, sin costo adicional, pero “el exceso de equipaje de la aduana”, le dijeron, “no tiene nada que ver con el de la aerolínea”, o sea, que en la aduana le cobraron para que el avión que ya aterrizó no se fuese a caer – le volvieron a cobrar el reproductor de DVD y no dudaron en decomisarle su tostadora, respondiendo a alguna regla oficial que impide el ingreso al país de algunos electrodomésticos que pueden afectar a la economía nacional, esa economía que hoy se enfrenta, por enésima vez, a profundas reestructuraciones en pos de salvar el modelo socialista.
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La tostadora de mi madre no era más que una quinta columna confeccionada para sabotear a la revolución cubana. Por eso fue decomisada en el aeropuerto de La Habana, por ser una tostadora terrorista, una tostadora disidente enviada por el cruel imperialismo norteamericano que la fabricó.
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Probablemente no será destruida, como debería corresponder a un artefacto tan peligroso, alto consumidor de energía, sino que pase a manos de algún funcionario aduanero, o sea enviada a alguna tienda de divisas para recuperarle el triple de su valor original. El punto es que, para variar, mientras mi madre persista en seguir viviendo en Cuba, eso de tener un aparatico para hacer tostadas con mantequilla en las mañanas contradice los principios revolucionarios y la necesidad de ahorro y conciencia ecológica del pueblo cubano y su invencible partido comunista.
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domingo, abril 24, 2011

Dios o fraude. El último día de Sai Baba.





La divinidad es algo que se hace cada vez más difícil de sobrellevar. Más aún cuando el mito es confrontado con la velocidad de la información moderna, los lentes pendencieros y la incredulidad del tercer milenio. Los profetas y avatares sagrados tienden a mezclarse con la mercadotecnia, el estrellato y el cinismo nuestro de cada día.


La primera vez que supe de Sai Baba, fue por un amigo, devoto suyo y vecino mío, que en La Habana guardaba como algo sagrado una bolsita de vibhuti, el polvillo prodigioso que supuestamente había materializado el dios viviente, Sathya Sai Baba, en una de sus tantas apariciones públicas en el Prashanthi Nilaiam, donde cientos de creyentes se agolpaban para recibir bendiciones y curaciones. Los relatos de mi amigo sobre cada milagro del profeta indostano alimentaron muchas fabulaciones juveniles en aquel entorno cubano que apenas se sacudía sus décadas de persecución religiosa y ateísmo oficial.


Sai Baba decía ser la reencarnación de Sai Baba de Shirdi, un santo que murió años antes de su nacimiento y que a su vez afirmaba ser el dios Shiva encarnado. Su emporio de misticismo y obras caritativas en todo el mundo han sido tan celebrados como atacada ha sido su imagen de iluminado. Muchas acusaciones tuvo en vida Sai Baba, desde la preparación trucada de sus milagros hasta abuso sexual a muchachos devotos, y el número de sus detractores ha crecido casi tanto como el de sus fieles seguidores.


Si en definitiva el vibhuti era fabricado con prestidigitación, con una piedrita escondida entre los dedos que tramposamente pulverizaba en el momento de mayor éxtasis colectivo, o si sus increíbles hechos mágicos eran obra de un cuerpo celestial donde se había depositado Visnú, eso ya quedará para el corte de caja de la historia.


Por supuesto, si en algo nos parecemos cubanos e indostanos es en esa tendencia natural a creer en dioses reencarnados que nos embobecen con efectismos proféticos.


Hoy murió Sathya Sai Baba, a los 84 años, quebrantando su profecía de desprender pasados los noventa. La India vio marcharse a su más polémico y monumental ídolo religioso y nosotros los cubanos seguimos esperando por aquellas viejas profecías que nunca se cumplieron.


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martes, abril 19, 2011

La flojera (entrada atrasada).

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Aquí en México llaman flojera a la ausencia de ganas, a la desidia, a la falta de motivación. Cuando algo da flojera es que no da ganas de entrarle. Justamente por eso, por la flojera, es que llevo tantos días sin entradas para el blog, pero no por una flojera en general, sino que todo lo relativo al congreso del partido comunista de Cuba me da flojera.


La situación de Cuba empieza a darme flojera, empieza a inocularme ganas de abandonar y dar por perdida toda esperanza, o a evadirme comentando el último episodio de Grey’s Anatomy que parecía un musical, con la doctora Torres cantando cual espíritu junto a su cuerpo comatoso, o quizás hablar del más reciente robot que mandaron a Marte, o darle un poco de chucho a López Dóriga por su entrevista a Anthony Hopkins, en Televisa, al perder este último el contacto con el traductor del audífono y tener que preguntar ¿Wai the rito?... Cualquier cosa parece mejor que seguir comentando la decadencia y caída de casi todo en el estado cubano.


Al menos por estos días, hacerlo me da flojera.


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miércoles, marzo 30, 2011

Carter, de lo ridículo a lo sublime.

Mi asombro es estratosférico cuando escucho decir a Raúl Castro que James Carter es el mejor presidente que ha tenido Estados Unidos. Como Yoani Sánchez, yo también fui pionero en la época del Mariel. Vivía muy cerca de la embajada del Perú, y las consignas como “Carter, cabrón, acuérdate de Girón”, que repetíamos como salmodias zombis, no me resultan ahora tan fáciles de intercambiar por unas manos que se entrelazan, con sonrisas de oreja a oreja, bajo la escalera de un avión. Las caricaturas de René de la Nuez en el Granma eran más que evidentes de lo que los Castro pensaban de Jimmy Carter – y por extensión lo que nos hacían pensar a nosotros – y aunque no era más de la misma vulgaridad con la que se mofaban de todos los presidentes norteamericanos, el caso de Carter se destacaba por el contexto crítico del Mariel. Era un monito dientuzo y cabezón, barrigoncito. ombligudo, con un tibor de sombrero y delante de un latón de basura desbordado de caca apestosa. Vestía un traje con capa remedando a Superman, canilludo y llorón. Y ahora lo reciben y lo despiden como si fuese George Washington en persona, o Martín Luther King, o la pantera negra Angela Davis (de quien hace años no se habla en Cuba, quizás porque en un día aciago, aún siendo comunista, se declaró lesbiana), y nuestros dirigentes no parecen recordar aquellos discursos encendidos en contra de aquel odiado presidente norteamericano con cara de anormal, o aquel show humorístico armado a la carrera en el Karl Marx donde, en un sketch con lecciones de “inglés básico para escorias”, se enseñaba: “Yo soy un carterista… I am Carter”, “Yo no soy un carterista cualquiera, yo soy un señor carterista… I am Mister Carter”… . . .

Muchos chiquillos de entonces, y otros no tan chiquillos, nos reímos bastante con aquellos chistes “revolucionarios”, pero no todos estuvimos el pasado lunes 28, en el aeropuerto de La Habana, para recibirlo oficialmente – por segunda vez – como si no hubiese pasado nada. Como si las caricaturas de Nuez no hubieran existido, como si borrar años enteros de odio fuese posible sólo con una sonrisota diplomática.


. Estas caricaturas, originales de René de la Nuez, aparecieron en el periódico Granma el 25 de mayo de 1980.

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sábado, marzo 26, 2011

El Behmaras que llevo dentro.

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Somos hijos de nuestra época, casi más que de nuestros propios padres. Obramos según lo que la época nos enseña, según las creencias que de ella extraemos. Y de una época indescriptiblemente ilusoria, romántica, miope y adorablemente retorcida, nació la obra humorística de Marcos Behmaras.

El escritor nacido en Jovellanos, Matanzas, escribió mucho sobre aquel período de confianza en la Revolución, y lo hizo con la más exquisita ironía, formando un dueto impecable con el caricaturista Virgilio. Los temas de Salaciones del Reader’s Indigest (remedo de aquellas Selecciones del Reader’s Digest de la Guerra Fría), en una etapa histórica que exigía crudas definiciones, iban desde el choteo al ambiente batistiano hasta la parodia del periodismo americano y sus motivos imperiales.

Pero también Marcos Behmaras se adentraba en la crítica visceral y sin anestesia de aquellas primeras manifestaciones de ideologización robótica y burocracia representativa de los años sesenta. Textos como los aparecidos en el suplemento ficticio El Sociolisto (no dejar pasar la temprana alegoría cómica al concepto “socialista”), despojados de dogma, me llevan a aventurar la hipótesis de que, de no haber muerto Behmaras tan tempranamente, acaso su velocidad de pensamiento, buen gusto y sentido del sarcasmo lo habrían llevado a evolucionar hasta el lado opuesto, al de la humorada crítica en contra de la irracionalidad, los esquemas políticos negativos, la violencia y el afán de poder que para muchos fue transitando de la mística imperialista de posguerra hasta la dictadura tropical de los antiguos revolucionarios.

El último concurso.

Comenzaba en la Escuela de Arte por entonces, y conseguí colarme en un concurso de humorismo para televisión que llevaba el nombre de Marcos Behmaras. Me dieron una mención, entre otras cinco, pues al parecer la orientación "de arriba" era promover el talento joven de entonces, y canalizarlo hacia un humorismo televisivo que ya daba signos de agotamiento. Lo contradictorio fue que el primer premio se lo ganó alguien ya mayor y con escaso talento, y entre las seis menciones también quedó relegado nada menos que el legendario grupo Nos-Y-Otros, cuyos miembros (Eduardo del Llano, Orlando Cruzata, entre otros) más adelante influyeron de manera decisiva en el humor, la literatura y el audiovisual en Cuba.

Aquel fue el último concurso de humorismo Marcos Behmaras. Años después, trabajando ya en la misma televisión en la que mi viejo ídolo había trabajado – y de hecho le costó la vida, pues el accidente automovilístico fatal aconteció mientras andaba por el interior del país, recogiendo opiniones sobre la programación – un amigo asesor, también escritor humorístico, me premió con una opinión inmerecida: “Tú eres el Marcos Behmaras del siglo XXI”. La parábola de mi amigo, dicha con buenas intenciones a pesar de lo exagerado, se sostenía en una particularidad de mi trabajo, que al menos en lo tocante a la escritura de guiones, no discriminaba entre un libreto humorístico y uno policíaco, un musical o un telefilme. Marcos Behmaras, desde los tiempos de la televisión en vivo era, en efecto, lo suficientemente versátil como para salir triunfante por igual con la comedia en “Detrás de la fachada” como con las tramas policíacas de “Sector 40”.

Las Salaciones.

Si bien me di el gusto de seguir sus pasos en mis años del ICRT, y divertirme escribiendo para cualquier redacción de la televisión cubana (exceptuando a los informativos, solavaya) con un aliento muy behmariano, nunca había tenido el chance de imitarlo en el humor costumbrista, en el choteo a los íconos políticos y en la sátira al poder corrupto, al absurdo que nos toca en la época que nos corresponde habitar.

Tomando el riesgo de asumir como continuidad, y sin permiso, algo que acaso funcionase como ruptura, pues nadie puede asegurar si al fin y al cabo Marcos Behmaras habría dejado de enaltecer al evangelio castrista o si por el contrario se habría vuelto un apologista a toda costa, me arriesgo a la convocación, a la absorción de su espíritu bromista y comienzo a escribir mis propias Salaciones, las de una virtual revista Bohemia que ya aventaja al viejo Reader’s Digest en sus posturas retrógradas, reaccionarias y derechistas.

El alma de Marcos Behmaras ya sabrá que el atrevimiento nació con las mejores intenciones.

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martes, marzo 22, 2011

Pongamos que hablo de La Habana.

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Joaquín Sabina supo desde los setenta lo que significaba el exilio. Vivió en Londres huyendo de Franco – sus alucinaciones juveniles lo llevaron a tirar un coctel molotov en una sucursal del Banco de Bilbao y a proteger a etarras en su casa de Londres – y por años no tuvo mejor modelo social que el de la revolución cubana. Los días eran así. Muchos de su generación fueron seducidos por el aura redentora de los barbudos verdeolivo, y sólo después de una vida de fe ciega en las buenas intenciones de Fidel Castro, han comenzado a mirar la realidad cubana sin gafas de sol.
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Para quienes sufrieron la dictadura franquista a veces no resulta fácil establecer las similitudes con la dictadura de Castro. Aparentemente ambas eran excluyentes, y sus ideologías opuestas. Sólo después de mucho tiempo y valor para dejar atrás los clichés de la izquierda y la derecha es posible darse cuenta de que los extremos se tocan, que Francisco Franco y Fidel Castro tienen más similitudes que diferencias, y que un poeta no tiene por qué ser un eterno apologista de utopías destrozadas.
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Sabina se va de gira a los Estados Unidos, y ha dicho al Nuevo Herald: “Cuba es un país maravilloso con mucha gente que no debería estar en el exilio”, y lo más rotundo: “Cuba es un fracaso histórico”… Sabina quizás prepara la opinión de La Florida para sus conciertos, quizás ha llegado, por fin, al punto de análisis que le permite dejar atrás al romanticismo guevariano. Quizás ambas cosas. Más allá de sus escalofriantes imágenes sobre La Habana (…y el mañana era un niño que mentía / y todos se llamaban Robinson…), las visitas de Sabina a Cuba siempre parecían rodeadas por un clima de conformidad y aceptación. Ahora el genio cantautor, al parecer, ha decidido la demolición de su pasado guerrillero. Ha invitado a Willy Chirino a cantar con él “Medias negras”, y se ha declarado amigo de Paquito Rivera y Bebo Valdés.

Joaquín Sabina debe saber que ya el homólogo tropical de Franco debe haber decretado su desaparición de la radio cubana, y que le será muy difícil regresar a aquella amada isla donde “el mundo va al revés” y donde “en cada bicicleta caben tres”. De las mentiras piadosas por ser juez y parte en un hotel, dulce hotel habanero, ha pasado a las malas compañías, aliviado de luto, y sus enemigos íntimos ya no le permitirán más decir esta boca es mía.

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lunes, marzo 21, 2011

Carnavalito para Obama.

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Era febrero del 2009 y Obama aparecía en la pierna de una reina del carnaval brasileño. Esta creación de la naturaleza, Viviane Castro, se manifestaba entonces, muy sobria de vestimentas, contra la comercialización de la Amazonía a favor de los Estados Unidos. Lula da Silva aparecía en la otra pierna y los brasileños en masa disfrutaban de la protesta como mejor saben hacerlo, con la alegría del samba y la belleza de sus mujeres.
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Pero a largo plazo, ni siquiera Brasil con toda su alegría escapa a la influencia amarga del estalinismo seudo comunista.
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El carnaval de la hipérbole.

Dice Prensa Latina que “cientos de manifestantes repudiaron hoy (20 de marzo de 2011) la presencia del presidente de Estados Unidos…”, Bohemia cuenta sobre una “violenta represión” donde fueron apresados quince jóvenes, y Telesur informa sobre protestas de unas 500 personas. El resto de las fuentes, probablemente todas vendidas al imperialismo y comprometidas con la campaña de desinformación en contra de la revolución cubana, hablan de una visita tranquila, con algunas protestas por parte de pequeños grupos, convocados por partidos de izquierda, y que no tuvieron tanta concurrencia como la que se esperaba. La represión que cuenta Bohemia no se ve ni en el reportaje de Telesur, donde apenas se detalla como fuerzas a caballo impidieron el paso de los manifestantes al teatro donde Obama pronunciase su discurso.

Este es otro capítulo de la fiebre anti yanqui en un período en el que Libia acapara los titulares, Gadafi – el amigo de quienes propagan estas “grandes protestas” – es beneficiado con un poco de distracción mientras medita en lo que va a hacer con la coalición y los sublevados, y de alguna manera, en las protestas de estos izquierdistas brasileños se cuelan banderas cubanas y fotos de los cinco espías de la red Avispa, íconos casi siempre manejados por las embajadas cubanas en cualquier país donde siempre aparecen devotos del castrismo para levantar carteles en lugar de los diplomáticos.
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Las imágenes hablan por sí solas. Cuatro gatos aparecen en planos mayormente cerrados, con banderas de la Liga Comunista o del Partido Socialista y las viejas consignas al estilo Go home!, esas que parecían muy acordes en tiempos de Nixon, pero ya un poco anacrónicas con Obama y su imagen liberal. De trasfondo, el sospechoso reclamo por la no invasión a Libia. Entre 500 (conteo conservador de Telesur) y 600 manifestantes (conteo exacerbado de Prensa Latina), las agencias comprometidas con los Castro y con Chávez pintan una parada multitudinaria con unos pocos centenares de fanáticos en una ciudad donde habitan seis millones de personas. Todo un carnavalito socialista en la tierra de la alegría.

Ahora que ejtamo en Cuba libre, celebrando ejte carnaval.

A diferencia de la realidad brasileña, esa nación con corrientes de izquierda muy latentes, con grandes fisuras de desigualdad social pero con una economía con los pies sobre la tierra y un futuro prometedor, nuestra alegría de carnaval lleva varias décadas secuestrada por la ideología dominante. Lo que en Brasil es excepción, en Cuba es la regla. Nuestros carnavales ya no son los del malecón y las carrozas, sino las marchas del pueblo combatiente en la plaza de la revolución. Nuestros debilitados paseos de comparsas ya no pueden competir con los desfiles políticos, ni los muñecones pueden superar en número a las enormes fotografías de los líderes supremos.

Como hace tantos años fueron abolidas las reinas del carnaval, no hay la más mínima posibilidad de que tengamos a nuestra propia Viviane Castro protestando contra la Base Naval de Guantánamo con Obama pintado en una pierna. Sólo las amargas turbas con banderas rojas gritando las mismas consignas en contra del imperialismo.

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Círculos bolivarianos, partido y liga comunista en una marcha convocada desde una semana antes y que también sirvió para proteger a Gadafi de las malas intenciones norteamericanas.

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domingo, marzo 20, 2011

Satán, Gadafi y la ultraizquierda.

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Un buen amigo mexicano que anda por los Estados Unidos posteó un artículo en Facebook y me etiquetó. El título ya me resultaba muy familiar – Satán entró en Libya con fines humanitarios – con un subtítulo aún más sugerente – El Imperio payaso asesino – un estilo demasiado conocido para quienes desde pequeños fuimos entrenados en el arte de metabolizar al vecino del norte como una especie de poder infernal, como una fuerza maligna todopoderosa que nos atraía y nos despreciaba. Así, sin matices, metiendo en un mismo saco a la guerra de Vietnam, al asesinato de Kennedy, a Hollywood, a Mickey Mouse y a la goma de mascar.

El artículo, publicado en la página Kaos en la red por Orlando Sabini, un rabioso ultraizquierdista uruguayo, intenta revertir el tímido avance de la coalición en Libia – hasta el momento sólo un recurso para detener temporalmente a un Gadafi enardecido – en un protervo complot internacional para que el Imperio se apodere del petróleo libio, interviniendo diabólicamente en los asuntos internos de un país libre.

El discurso antiyanqui siempre ha sido cercano a los cubanos, la parcialización a ultranza en contra de todo lo que huela a norteamericano es el pan nuestro de cada día en la prensa oficial, y especialmente en la retórica audiovisual de la Mesa Redonda y el Noticiero Nacional de Televisión (NTV). Pero esta vez ocurre algo paradójico: Ahora no sólo siguen echando mano a las “siniestras estrategias” de los Estados Unidos, sino que se han dado a la tarea de tapar cuidadosamente cualquier referencia a los crímenes de Gadafi, o cualquier antecedente de perversión o corrupción del tirano. Nada dicen de los millones que le pagaba Gadafi a Beyoncé por un concierto privado, o de cómo financió la campaña de Sarkozy con el dinero del erario público libio, nada dicen de sus costosas excentricidades, mucho menos de sus ataques a civiles y sus más sangrientas amenazas a Bengasi:”Iremos casa por casa, habitación por habitación”…

Los ultraizquierdistas latinoamericanos suelen apoyar incondicionalmente a los Castro, a Chávez y demás caudillos que se unen al carnaval anti gringo. Regularmente enarbolan las gastadas banderas de la justicia social soviética y culpan de todos los desastres del socialismo a la CIA, al Pentágono y a la Casa Blanca. La parcialización ciega los lleva ahora a cerrar filas con Gadafi, a defenderlo más o menos abiertamente. El NTV se aferra al argumento de la no injerencia – olvidando convenientemente a la tradicional injerencia cubana en países como Angola, Etiopía, o un larguísimo etcétera de guerrillas latinoamericanas – y discrimina ahora a la intervención humanitaria por considerarla una intromisión en los asuntos internos de Libia.

Este ha sido uno de los peores patinazos de la propaganda procomunista en los últimos tiempos. La entrada en Irak pudo ser ilegal, con pretextos no muy bien armados, motivada por intereses económicos con todo y la aceptable consecuencia de que Hussein, otro monstruo, perdiera su hegemonía, pero con Libia todo se ha hecho conforme a las reglas de la ONU y con el cuidado de no intervenir aún por vía terrestre. Esta vez Francia comenzó el ataque, no el imperialismo yanqui. El patinazo que desconcierta a cualquier izquierdista informado es que todavía estos líderes supuestamente socialistas, y sus incondicionales voceros periodísticos (o hasta trovadores como Silvio Rodríguez), persisten en tirarle la toalla al exótico demente, al obvio tirano megalómano que no sólo ha convertido a Libia en su feudo particular, reclamando devoción absoluta a su persona, sino que les ha enfilado los cañones a su propia gente sin el menor remordimiento.

Siguen acusando a los imperialistas por la manipulación mediática, y olvidan que ya no es CNN ni El País, sino Twitter y las redes sociales de internet quienes divulgan mejor las crisis y las masacres.

En el fondo, estos soldaditos del estalinismo sólo están aterrados con la posibilidad de que a sus ídolos les pueda pasar, en un futuro cercano, lo que hoy les acontece a los dictadores del Medio Oriente. Ese terror amerita entonces un nuevo ángulo para la propagación de sus verdades relativas.


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viernes, marzo 18, 2011

Las razones de Langley.

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Apenas unas horas después de transmitido el último episodio de la novela por entregas Las razones de Cuba, en la que hasta el momento se han destapado cuatro espías de mala muerte que la seguridad cubana insertó en espacios de la disidencia, o bien en espacios no muy bien definidos – en los que ni siquiera quedaba claro a quién o a quiénes espiaban, fuera de ese fantasma, ogro, lobo o “el coco” del imperialismo yanqui – elevados a la categoría de héroes aún cuando el riesgo que corrían en sus misiones era francamente ridículo, se filtra al exterior de Cuba el arresto, por parte de la propia seguridad, de José Antonio Torres, uno de los más reconocidos reporteros del diario Granma en el oriente del país.

Torres fue detenido en Santiago de Cuba, y trasladado a La Habana. Según rumores – no hay por el momento fuente más confiable si la prensa oficial suele tomarse su tiempo para reconocer este tipo de eventos, cuando no los da a conocer en absoluto – esta detención ha sido a causa de que el reportero de marras trabajaba para la Agencia Central de Inteligencia.

De resultar ciertos los rumores, durante una apreciable cantidad de tiempo alguien infiltrado por la agencia de Langley estuvo muy próximo a los eventos políticos en Santiago de Cuba, alguien publicado con regularidad en el famélico órgano oficial del PCC, alguien que anduvo fotografiando de muy cerca a las figuras principales del gobierno y que recibió elogios directos de Raúl Castro (“Llegue un reconocimiento al periodista santiaguero José Antonio Torres, por su constancia en el seguimiento de esta obra”), alguien que sí estuvo arriesgando mucho en el ejercicio del espionaje, y que sin duda alguna recibirá, después de largos interrogatorios, todo el desquite de los Castro por la pérdida de los cinco espías de la red Avispa en territorio norteamericano, años atrás.

Según los mismos rumores, Torres lleva ya un mes detenido. Si en definitiva es cierto que trabajaba para la CIA… ¿por qué no ha sido utilizado por el gobierno para equilibrar fuerzas en la campaña por la liberación de los Cinco? ¿Por qué no enfatizar la intervención de una agencia de contrainteligencia norteamericana en la vida nacional con esta espectacular detención? ¿Por qué dar más relevancia a un empleado norteamericano que repartía equipos de satélite, dando amplia cobertura a la sentencia de quince años impuesta a un paseante que ni siquiera quedó claro que fuese un espía con todas las de la ley? ¿Por qué Torres no apareció en la televisión como ejemplo de las “acciones enemigas” en contra de la revolución, en este pasado mes de “revelaciones importantes”, de “pruebas” en contra de la oposición y sus patrocinios?

Es obvio que a la opinión norteamericana no le molestaría tanto la prisión de un periodista santiaguero como sí le incomoda la condena de un connacional, aún cuando ambos son apresados, aparentemente, por razones similares, por trabajar de incógnito para su lado del tablero. Nuestros gobernantes no hacen sino manejar a conveniencia las fichas de la política, incluso cuando se trata de denunciar o acallar las operaciones del enemigo en sus propios predios.

Al menos ha quedado claro que en las filas castristas también se cuelan informantes inesperados, y que Langley también tiene sus razones para vigilar a los dictadores plataneros que nos gobiernan desde hace más de medio siglo.

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martes, marzo 15, 2011

¿Quién fabrica a quién?

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El culebrón de los chivatos continúa. Ahora intentan demostrar cómo se “fabrican” disidentes entre los artistas cubanos, y para ello han destapado al informante Frank Carlos Vázquez, el agente Robin, a quien muestran como un “artista plástico” al que presuntamente quisieron utilizar para “desestabilizar” al estado cubano.

Las revelaciones siguen siendo las mismas verdades de Perogrullo: que si la USAID financia posibles brotes de rebeldía en Cuba, que si Washington persiste en apoyar a la disidencia, que si se inventan patrañas porque en Cuba todo está de maravillas… Esta vez, al parecer, han tratado de penetrar a los artistas cubanos para voltearlos en contra de su revolución socialista.

¿Y quién es este artista?

Un repaso por los buscadores inmediatamente nos devuelve la ausencia total de una obra digna de destacarse. La única referencia a Frank Carlos Vázquez, previa a su repentina fama actual como “agente Robin”, está en la página de otro pintor pinareño, David González, un desconocido con casi nula presencia o premios internacionales, y que replica Ecured situando a Frank Carlos Vázquez como poseedor de uno de los cuadros de González en su galería personal, y a quien no se alude más que como “galerista y promotor cultural”.

Artistas plásticos valiosos abundan y radican en Cuba, con sobrado reconocimiento y prestigio en todo el mundo. Pero ninguno parece tener ganas de ser agente de la seguridad. Por el contrario, son los artistas plásticos quienes, desde las épocas de mayor represión, buscaban la manera de comunicar a la gente, mediante exposiciones y performances en extremo contestatarios, su incomodidad con la política cubana.

Desde Arte Calle a Tania Bruguera, el gremio de la plástica siempre se destacó por su rebeldía, aún sin la más mínima ayuda del exterior. Este vago que vivía del trapicheo con obras de arte no está autorizado a hablar en nombre de los artistas cubanos, porque él, sencillamente, no es uno de ellos.

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sábado, marzo 12, 2011

Presunto culpable, una visión cubana.

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El alud en la taquilla y en la opinión pública que ha inundado a México por estos días, con la aparición de Presunto culpable, el documental de los abogados Roberto Hernández y Layda Negrete, me ha llevado a reflexionar en lo que significa, en gran escala, la libertad de expresión. Una vez más, las analogías Cuba-mundo exterior vuelven a establecer indiscretos puntos de análisis.

En primer lugar, es innegable que el sistema judicial mexicano es un completo desastre. De eso se trata este documental que actualmente se encuentra en litigio por el supuesto uso de imagen de testigos sin consentimiento, de cómo un grupo de abogados destapa la condena por homicidio de un inocente – sin pruebas, sin investigación seria por parte de la policía – y que retomarlo sólo fue posible al comprobarse que su anterior abogado defensor ejercía con credencial falsa. Las fallas de un sistema que no contiene la presunción de inocencia como premisa, además del entierro perverso de los casos y el premio a los judiciales tramposos, desnuda una realidad compleja y tenebrosa donde es más fácil condenar a un inocente que a un criminal.

Ahora bien, dejando a un lado las similitudes estructurales con el sistema cubano, en el que tampoco hay jurados (la representación popular en los juicios es a través de un par de “jueces legos” que sólo funcionan decorativamente), donde la fiscalía responde de manera obvia a los intereses del gobierno y donde tampoco se es inocente hasta tanto se demuestre lo contrario – más bien eres culpable mientras no consigas rebatirlo – lo que mejor salta a la vista es, precisamente, la manera en que todo esto emerge a la luz pública, a la vista del mexicano común.

Un par de abogados consigue apoyo y se sumerge en los laberintos del sistema. Llevan una cámara y dejan constancia de los desmanes del poder, desde la detención por parte de los oficiales hasta la diabólica parcialidad del juez que asume por segunda vez un juicio sin pruebas ni pudor. El documental retrata al detalle las condiciones en que viven los presos y llega hasta el tribunal supremo, donde por fin se hace justicia al joven Antonio Zúñiga.

Algo así en Cuba sería del todo imposible. Entrar con una cámara a una institución oficial puede resultar una odisea sin retorno. Indagar en documentos oficiales, en archivos y expedientes se vuelve, de plano, espionaje y desestabilización. Y más allá, su exhibición en salas de cine o cobertura en la prensa y los noticieros entraría ya en el terreno de la fantasía más onírica.

Las estadísticas de Roberto Hernández y Layda Negrete son escalofriantes, pero al menos salen a la luz pública, se multiplican en las salas de Cinépolis y en las copias piratas, en enlaces de internet que constantemente suben y se desactivan por derechos de autor, y los mexicanos pueden valorar lo que ocurre en su nación y, eventualmente, prepararse para los cambios futuros. Las estadísticas cubanas de encartados por esa aberración jurídica que han dado en llamar “peligrosidad pre-delictiva” siguen en una nebulosa, como las permanentes violaciones de las autoridades a la ley cuando detienen y mantienen largos meses sin cargos a los desafectos políticos. No existen documentales acerca de la manera en que se arman los juicios contra los opositores, y como los abogados de la defensa son, o bien maniatados, o bien más fiscales que los propios fiscales.

La censura que ha recibido Presunto culpable, ya demasiado tarde para detener su impacto, no puede compararse con la férrea corrección que la jurisprudencia cubana reserva para todo aquello que se meta en camisa de once varas. Esfuerzos aislados como el de la independiente (e ilegal) Asociación Jurídica Cubana, no suelen llegar al conocimiento público en medios de prensa monopolizados por el gobierno.

Es un hecho que las presiones a la prensa mexicana son mucho más directas (acaso más brutales) que las que padecen los periodistas oficiales en Cuba, y que se resienten más aún en las denuncias al crimen organizado o a la propia corrupción policial, pero de cualquier modo estas monstruosidades no son letra de constitución. Hay periodistas amenazados o asesinados, pero esto sigue siendo ilegal, no es una política gubernamental ejecutada de manera abierta y explícita. En Cuba es legal encerrar y condenar a los periodistas independientes, o a supuestos espías como Alan Gross – un presunto culpable condenado hoy mismo a 15 años de prisión por distribuir equipos satelitales a la comunidad judía – y hacerlo en el marco de juicios descaradamente parcializados.

No sueño con la quimera de un estado impoluto, sólo con el día en que sus habitantes tengan el derecho de armarse con una cámara y expresar sus puntos de vista sin ser amordazados por el poder.

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jueves, marzo 10, 2011

Finalmente, Biscet.

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El más informado de los bloggeros oficialistas, Yohandry Fontana (presumiblemente un seudónimo, casi un anagrama armado entre el nombre de Yoani Sánchez y el del verdadero autor, el ciberesbirro Eduardo Fontes, hombre clave de la policía política en la red), ha filtrado la noticia más esperada por la mayoría del exilio en los últimos meses. En pocos días será finalmente liberado el doctor Oscar Elías Biscet, uno de los pocos, entre los 75 condenados en la Primavera Negra del 2003, que se han mantenido intransigentes ante la cobarde deportación a España.

Ya se sabe que no es una liberación de verdad, que con todo y que el cardenal Jaime Richelieu Ortega lo llamase personalmente a la prisión para darle la buena nueva, a Biscet le darán “licencia extrapenal”, o lo que es lo mismo, un permiso para estar fuera de la cárcel mientras se porte bien, con la seguridad de que será regresado al presidio si insiste en seguir hablando mal del gobierno.

La razón principal de que el doctor Oscar Elías Biscet haya sido guardado por tanto tiempo, muchos meses más allá del plazo prometido por Raúl Castro para liberarlos a todos, está en la fortaleza de su imagen. A las pocas cabezas sobresalientes de la oposición les han encontrado – o bien fabricado – defectos. A todos les adjudican oscuros intereses personales, monetarios o simplemente ser lacayos del imperialismo. Pero al doctor Biscet no han conseguido demeritarlo de ninguna manera.

Biscet no ha podido ser calumniado por la propaganda castrista – al menos hasta el momento – y ello quizás se deba a su imagen de sobria austeridad. Sus acciones proyectan humildad, decencia y hombría, algo que no siempre se conjuga del todo con las modernas necesidades de la publicidad política y las campañas mediáticas. Es simplemente un líder natural que puede romperles el esquema de los clásicos “mercenarios” y llevar tras de sí a mucha gente en la lucha pacífica por los derechos ciudadanos.

Es posible que hayan considerado la coyuntura actual para por fin soltarlo. Han desplegado una fuerte campaña en la prensa, desacreditando a la oposición, con el destape de unos cuantos soplones, y quizás piensen que en estos momentos Biscet no representa un peligro real para la dictadura.

Por suerte, el doctor Oscar Elías Biscet no piensa quedarse quieto. Si hubiese acpetado la mordaza del gobierno ya se habría ido a España hace meses, con todo y familia.

Este episodio de nuestra historia apenas comienza.


El doctor Biscet junto a su esposa, la Dama de Blanco Elsa Morejón.


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UP DATE (11 de marzo de 2011)

¡LIBERADO OSCAR ELÍAS BISCET!
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Luego de once años de cárcel, con una condena de 25, ha sido finalmente excarcelado el doctor Oscar Elías Biscet. Un momento que debemos recordar, pues se insertará en la historia de Cuba como un paso más en el desmembramiento de la dictadura.

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martes, marzo 08, 2011

La pasarela de los chivatos.

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El desfile de chivatos quemados continúa. El momento de sacar a la publicidad al más reciente – un buscavidas que antes de ser reclutado se ganaba los frijoles instalando antenas parabólicas clandestinas y trapicheando ilegalmente con piezas de computadoras – no podía ser mejor. El juicio a Alan Gross está concluso para sentencia, y todo lo que se haga para satanizar a Internet es poco. Todo lo que apoye al mito de que la información es subversión, que hacer llegar internet a los cubanos es contrainteligencia y que un servidor es lo mismo que una planta espía de la Segunda Guerra Mundial, todo será poco para ellos en este período en el que las dictaduras del Medio Oriente se tambalean y caen, gracias a la red 2.0, gracias a la cercanía y libertad de expresión que genera una modernidad de nodos enlazados entre sí.

Dice el Granma: “¿Acaso habrían pensado Marcos y Robert Guerra (el amigo radicado en España y el “extranjero malo”) que el hecho de trabajar «por la izquierda» presuponía que él podía hacer algo en contra de su país?”… Al reconocer que alguien como el recién destapado delator “trabajaba por la izquierda”, o dicho en términos castristas “realizaba labores ilícitas” para sortear la dura crisis económica delinquiendo, es un buen ejemplo de que ya no están saliendo de muy buena calidad los chivatos de la seguridad. La reciente hornada de informantes no ostenta mucho brillo cerebral, y más bien lucen como atrapados en malos pasos a quienes no les quedó más remedio que tomar el lado de los gendarmes y quedar fuera de prisión.

Después del destape… ¿seguirá el delator trabajando “por la izquierda” o ya se habrá ganado un puesto en el Ministerio de Informática y Comunicaciones, obteniendo como salario una mínima fracción de lo que se buscaba como trapichero de parábolas clandestinas?

El texto final de Dalexi González en el episodio “Verdades y principios”, del culebrón "Las Razones de Cuba", un texto leído por él con muy mala técnica actoral, escrito por quién sabe qué cursi especialista: “A partir de entonces me convertí en Alejandro para ellos, y en Raúl para la seguridad de mi país”, caminando delante de una bandera cubana que ondula en el cielo despejado de los más puros ideales, parece ser el justo y adecuado colofón al desfile ridículo en el que un gobierno patalea ante lo inevitable, ante una revolución tecnológica que muy pronto hará imposible la tarea de bloquear la información y el acceso a las redes sociales de Internet, mucho menos seguir construyendo héroes con seres tan patéticos como estos que ahora desfilan, uno tras otro, ante las cámaras de la televisión cubana.

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